lunes, 24 de septiembre de 2012

CAPITULO XVIII, la muerte del gavilán





La muerte del Gavilán

 

_ ¡Lo escojo a él! 
 __Volvió a repetir el Gavilán, mientras señalaba a su elegido y adornaba su rostro con una cínica sonrisa__ Pa que me decían que podía escoger al que quisiera y si le ganaba me dejan ir.
Los comentarios se dejaron escuchar.
__  ¡El no!
__ Aprovechado.
__ ¡Escógeme a mí!
__ No la jodas Gavilán.
Hasta que se escucho hablar al elegido.
__ ¿Ja, crioque me estas apuntando a mi?
__ Si, a usted viejo, por ser el más hablador.
El viejo José María Luna soltó una carcajada que dejó sorprendidos a todos los presentes, incluso al Gavilán.
__ Pero ni sabes lo que acabas de hacer hijo de tu chinaca madre.  Ni sabes lo que acabas de hacer. A lo mejor con cualquier otro hubieras tenido una oportunidad, pero conmigo ni en sueños. Que babosada más grande acabas de hacer, y sábetelo, aquí está mi paliacate, bájate de tu burro y agárrate si de verdad te sientes hombre, y mira, con tu misma daga te voy a pelear.
El l viejo sin dejar de sonreír divertido dio un par de pasos el frente.
__ ¡No tío!
__ ¡No apá!
__ Hombre don José María, déjeme ser yo el que enfrente a este marrano.
Don José María molesto volteo a ver a todos sus familiares y con energía les dijo.
__ Miren, les voy a decir una cosa. En la mañana cuando  mi niñita Crucita fue a verme a la casa, me lo dijo bien clarito, abuelo, a ti te quedan muchos años de vida. Tú no te vas a morir hoy, ni siquiera vas a volver a sentir una herida. Vas a morir dormido.  ¿Entienden cabrestos las palabras de mi niña? ¿Hay uno siquiera de ustedes que las ponga en duda?
Nadie le dijo nada e increíblemente en el rostro de todos ellos, se fue dibujando una sonrisa.
Los chinacos también escucharon aquello y más de uno se santiguo volteando a ver al Gavilán, incluso el trago saliva. Sin embargo acerco su caballo al de la Cazanga y le dijo al oído.
__ Ya sabes yo como peleo. Voy a  darle el jalón al viejo y le voy a dar un piquete en la espalda, luego cuando estén descuidados ayudándolo, les damos en la madre.
__ Ten cuidado Gavilán, ya oites lo que dijo el viejo. No va a estar fácil. Y eso si te digo, pelea como los machos, si no se suelta del paño, peléale hasta lo último, si se suelta me lo dejas a mí, aunque este viejo no soporto los cobardes.
La Cazanga conocía perfectamente la manera como el Gavilán acababa con los rivales que enfrentaba en esa clase de pleitos. Tenía una técnica.  En un momento dado, le daba un jalón muy fuerte al paliacate para hacer que el rival se le acercara, lo dejaba pasar de lado por el envite, de una patada golpeaba la mano en donde el rival llevaba el arma, y luego, al tenerlo de espalda, le encajaba su puñal a la altura de los riñones, para después, desarmados y heridos jugar con ellos hasta que soltaban la tela, y entonces sí, matarlos por cobardes. La Cazanga recordaba aun con admiración, al hacendado aquel en Nochistlán, que murió desangrado, pero nunca soltó el paliacate.
El Gavilán desmonto, le pidió su daga a la Cazanga, pues la de él la sostenía el viejo. Volvió a sentir un estremecimiento al recordar en donde la había dejado la última vez que la lanzo.
Se acercó al viejo y mientras tomaba un extremo del pañuelo le dijo.
__ ¡Este día te mueres viejo. Y luego toda tu familia!
__ Ja,  Pendejo. Si vieras que el que se va a morir es otro. Si hasta me están dando ganas de ponerte el pecho de oquis, nomás pa demostrarme que tu daga no me entra, pero tampoco no te voy a dar oportunidad de nada.  Mi nieta me dijo que hoy yo no me muero, y un día dijo que tú, morirías el mismo día que ella se fuera con Dios
El Gavial no supo porque sintió miedo, para darse valor se dijo a si mismo que el viejo se inventaba todo para amedrentarlo, y lo estaba logrando, pero, ¿que tal si era cierto?, para ya no pensar más en eso,  se enredo fuertemente  la tela en su dedo índice, haciéndose un pequeño nudo. Volteo a ver al viejo, estaba muy relajado, el cuerpo flojo, aun no estaba preparado para el pleito, así que con toda la alevosía y ventaja, dio un salto hacia atrás al momento que jalaba fuertemente la tela y por ende a su rival.
Se escucho un grito generalizado. Por el impulso el viejo siguió la trayectoria que el Gavilán esperaba, paso de largo sin intentar siquiera usar la daga, se detuvo quedando de espaldas al rival. Sintió el golpe de una patada en su mano, e inevitablemente soltó la daga que fue a parar varios metros más allá de donde él estaba, luego sintió un golpecito en su espalda.
La estratagema del cobarde dio resultado, el viejo fue sorprendido, con la alevosa patada lo desarmó y luego, teniéndolo a su merced, descargo aquel golpe con su daga justo a la altura de un riñón. La filuda punta del arma toco la camisa del viejo, luego se escucho un golpe como que pegaba en metal, se resbaló hacia arriba un poco y luego boto hacia atrás, no entro en el cuerpo del viejo. Luego volvió a picar, pero de igual manera, la daga no entró.
Los presentes miraron la cobardía del Gavilán, Los habitantes del Remolino gritaron angustiados, los compinches del miserable gritaron emocionados. Para todos ellos el pleito estaba terminado. Pero fue grande la sorpresa al mirar que la daga rebotaba sin entrar en el cuerpo del viejo.  Incluso el Gavilán la contemplo y vio que la punta estaba un poco doblada.
Todo quedo en silencio. No había explicación.  El Gavilán sintió un extraño escalofrió y miro al viejo con miedo, su cerebro le dijo algo inconcebible. El viejo es de piedra, la niña Zaurina lo hizo de piedra,  nunca lo vas a poder matar.
Sin dejar de sonreír el viejo lentamente se dio vuelta y volvieron a quedar de frente, ahora sí, con el paliacate bien jalado y él preparado.
__ A chingao, eres ventajista, pero que te ganas, ya te lo dije, nada me mata este día.
__ ¡Jálelo pa!,  ¡onta la daga tío! ¡Suéltese, corra!, ¡Pa la daga, jálelo!
__ ¡No dejes que agarre la daga Gavilán! ¡Mátelo jefe! ¡Ya, ya!
Los gritos se oían de uno y otro bando.
__ No, si pa que quero su chingadera de daguilla, si ya de por si yo traía con quelites las verdolagas. Y a luego pa que quería mi cazanga.
Al decir eso, con la mano libre el viejo busco en su espalda, la rozadera cazanga con la que previamente se había armado para ir a luchar contra aquellos asesinos. El Gavilán abrió desmesuradamente los ojos, era enorme aquella herramienta, que en ese momento se convertía en un  arma de combate. El doble de grande que su daga, ahora quien estaba en desventaja era él.  Sin  querer Don José María la contempló y comentó.
__ Ira nomás, no sea que no la traiga fajada en la espalda si me chingas, mira nomás que rayón le hiciste con tu alfiler. Pero mi niña Crucita me la puso en donde debía de ir, y ella me protege así que a ver, dame otro tironcito.
EL Gavilán respiro aliviado. El viejo no era de piedra. Fue una coincidencia que ahí trajera fajada aquella rozadera en la que chocó su daga. No era de piedra, fácil lo iba a matar.  Que importaba que su nueva arma fuera más larga, de cualquier manera  el Gavilán  seguía siendo más joven, más ágil, más fuerte,  volvería a jalarlo y entonces sí, ya no tendría nada que lo protegiera en la espalda. Que mas daba que se hubiera  salvado una vez, pensó.
Así que nuevamente tensionó la tela y con todas sus fuerzas le dio el jalón. El viejo  no pudo evitar ser jalado, pero ahora ya iba prevenido, sabía que el  otro iba a levantar el pie, así i que bajo su rozadera y cuando paso junto al rival le dio el levantón quedando justo  bajo la pantorrilla del bandido cuando este la levantaba. Por el mismo impulso  la rozadera tomo más fuerza y el filo corto fácilmente la gamuza del pantalón, luego como si fuera un queso fresco corto plenamente la carne de la pantorrilla hasta llegar al hueso,  ahí chocó, pero se fue deslizando haciendo un chirrido extraño mientras raspaba   ese tejido duro llevándose pedacitos de hueso.
El dolor que sintió el Gavilán lo hizo lanzar un alarido horrible. Miró que el viejo  quedo de espaldas  dándole la oportunidad de clavarle la daga, pero no tuvo concentración para eso, chillaba de dolor y soltó la daga para caer en una rodilla y con esa mano agarrar su herida, de la que brotaban  borbotones de sangre.
Los presentes no captaron de inmediato lo sucedido. Miraron al forajido de cuclillas y hasta que notaron el charco de sangre supieron que estaba herido.
__ ¡Levántate Gavilán!  ¡Arriba jefe! ¡Y luego pues!
__  ¡Mátelo don José María!  ¡Cuidado apa!
De cualquier manera, a pesar del dolor el asaltante reacciono recordando que estaba en un pleito. De peores heridas se había librado, así que apresuradamente busco con la vista su daga que estaba en el suelo, pero cuando quiso tomarla, miro que un pie calzado con un huarache de tres correas la pisaron firmemente evitando que la levantara, al mismo tiempo sintió la afilada punta de una rozadera  encajarse un poco  a la altura de su yugular. No se atrevió a hacer ningún movimiento, sabia que si se movía aquel filo lo rebanaría.
__ ¡Mátalo José María! ¡Dele apa! ¡Chíngalo, chíngalo!
Los chinacos no decían nada, solo aquel que llevaba el mismo apodo que nombre del arma de don José María lo miraba con admiración.
__ Así son los machos, así se mueren los machos. Muere como todo un macho amigo Gavilán.  Eres cabrón viejo, eres cabrón.
Paso un lapso de tiempo y José María no hacía nada.  Quería que la gente se callara, pero no les podía hacer señas por tener las dos manos ocupadas, una con el pañuelo agarrado y otra con la rozadera en el cuello del asesino  su nieta, así que con energía lanzo un grito.
__!Cállense con una chingada, cállense que voy a hablar!
Los gritos de apoyo cesaron de inmediato, por lo que claramente se escucho su voz. Por la manera en que tenía la rozadera en el cuello, obligadamente el Gavilán tenía su rostro mirando hacia arriba, así que se miro fijamente con el viejo que tranquilamente le dijo.
__ Te traigo mucha rabia cabresto, mucha rabia. Nos mataste lo que más queríamos en el mundo, nos dejaste huérfanos de amor y eso nos  está doliendo hasta el alma. Pero ese mismo amor te puede salvar también a ti. Si yo te mato ahora, tonces va a ser  una venganza, sería como si te matara en honor de mi Crucita y eso, sé que a ella no le va a gustar. Así que te voy a dar a escoger una de dos.
Mira, aquí te puedo tener hasta que te muevas y te cortes  tu solo, esa no iba a ser mi culpa, pa que te movías. También aquí te puedo tener hasta   que te desangres de la pata, tampoco es mi culpa. Pero te voy a dar una oportunidad.  Si te quieres salvar, suelta el paliacate… suelta el paliacate y lárgate para siempre de estas ahora benditas tierras.
Se escucharon murmullos de ambos bandos, pero nadie dijo nada. Pasaron varios segundos, el Gavilán  miro su situación, el dolor en la pantorrilla era inmenso, la rozadera en el cuello le impedía respirar bien, le estaban dando oportunidad de salvar su vida, una oportunidad única. Si se daba prisa y llegaba con el brujo, este le podía cerrar la herida de la pierna. Si se quedaba iba a morir. No quería morir, era joven, no quería morir. Pero si soltaba el paño, lo iban a considerar cobarde. Qué más daba lo que los demás pensaran.
José María apenas alcanzo a escuchar cuando murmuro.
__Me voy, me rindo, quíteme la rozadera.
__ No cabresto, primero suelta el paño.
Nuevamente murmullos, nadie podía creer aquello y menos cuando lo empezaron a ver, el Gavilán empezó a mover su mano para deshacer aquel nudo, símbolo de la valentía.
__ ¡No Gavilán, no te sueltes, no te sueltes, no seas cobarde! __su lugarteniente le gritaba indignado desde su caballo __ ¡Muere como los machos Gavilán!
Los otros chinacos también estaban indignados, no podían creer que su jefe de tantos años, el hombre admirado, el líder valiente estuviera haciendo eso. Pero el Gavilán no escuchaba nada, él quería salvar su vida. Por fin, se deshizo del nudo que lo liberaba de aquel compromiso.
Con un esfuerzo enorme se puso de pie. Miro los ojos del viejo y no encontró rencor en ellos, sino una paz tan grande que en ese momento le hubiera gustado sentir.
__ Fíjate Gavilán __ Dijo José María __ Que aquí adentro de mi cabeza oí como que mi niña me hablaba, que cosas tan curiosas, y clarito me dijo, no lo mates abuelo, no lo mates… dile al Gavilán que lo perdono, pero que Dios no, que allá lo esperan para su juicio final. De verdad, dialtiro oí eso. Ahora…  ¡lárgate no vuelvas nunca más!
El viejo se dio la vuelta para volver con los suyos.
__ ¡Un caballo, pronto, mi caballo! __ Ordenó el bandido, pero ninguno de sus compinches se movió. La Cazanga su compañero, tenía los ojos inyectados en sangre por la rabia y el asco que le producía su jefe.
__ Un caballo quieres marica, un caballo, eres un cobarde Gavilán, eres un cobarde y esto es lo que te mereces.
Sin decir más, dándole un espuelazo a su montura, salto sobre el bandido y con el pecho del caballo golpeo a su jefe. Por la sorpresa y la herida de su pierna  cayo al suelo. Desde ahí miro asustado a su subalterno, lo asustó la mirada de odio, quiso incorporarse pero le fue imposible porque las patas del caballo de jinete se lo impedían, sintió como aquellas pesuñas empezaron a mallugar su cuerpo, en las piernas, el estomago, al rodar en su espalda. No había manera de huir, de repente miró que no era solo un caballo, decenas de pesuñas lo rondaban e iban de allá a acá hiriéndolo. Su pandilla completa, asqueados también por su actitud cobarde se unieron a la Cazanga y entre todos se dieron a la tarea de destrozar al infeliz herido. El Gavilán chillaba aterrado, pero nadie le tuvo compasión. Poco a poco su cuerpo se fue convirtiendo en una maza sangilonienta a la cual, no conformes con despedazarlo, la mayoría de los chinacos sacaron su pistoleta de un tiro, y las vaciaron sobre su cuerpo ya inerte.
Una vez que dejo el Gavilán de gritar y su cuerpo fue arrastrado de allá a acá, dejando marcas de sangre por todas partes, fue cuando consideraron que el orgullo chinaco era restablecido,  entonces  la Cazanga grito con mucha fuerza.
__ ¡Chinacos, ya se murió el Gavilán! ¡Ahora yo soy el jefe!
Se escucho un grito de apoyo por parte de los bandidos, sin embargo no le duro mucho el gusto, pues apenas había gritado aquello, cuando sintió algo picando su estomago. Montado como estaba volteo hacia abajo y alcanzo a mirar los ojos azules de Fermín Horta que brillando de emoción le alcanzo a decir.
__ Pos que ya se vayan buscando otro jefe, pero lo que eres tú, ya te cargo la chingada.
Y al decir esto, Fermín Horta empujo con fuerza su lanza entrando por el estomago y le salió por la espalda despedazándole completamente un pulmón lo que hizo que empezara a lanzar borbotones de sangre por la boca dando un espectáculo dantesco.
__ ¡Al ataque mis valientes! __Grito Fermín __ ¡A matar chinacos de cagada!
Los hombres de Fermín Horta obedecieron al momento. Todos montados y tan bien armados como sus enemigos, hombres valientes del cañón de Juchipila.
El grupo de chinacos que quedaban, al verse completamente acéfalos, no supieron cómo actuar, estaban acostumbrados a recibir órdenes así que no se defendían, su mente solo les ordenaba huir, huir y eso era lo que hacían, pero la gente de Fermín y los remolinenses enojados atacaban con valentía.
Muchos fueron los muertos, ninguno del Remolino. Alguno chinacos lograron escapar y estos llevaron la noticia de la muerte de los jefes. Desde ese día la pandilla ya no logró unirse completa de nuevo. El pinto después  quiso liderarlos pero no tenía capacidad y en un intento de asaltar unos  arrieros de Fermín Horta lo mataron junto con todos los hombres que lo siguieron.
Así fue como acabo aquella leyenda del bandido que mataba mujeres, así fue como murió, en manos de un hombre viejo, pero valiente,  el Gavilán del Cañón de Juchipila.

En el cerro, la tarde de la batalla, una vez que mataron a los chinacos que pudieron,  el resto del día los hombres lo dedicaron a hacer tumbas para enterrar los cadáveres. Ya noche regresó cada quien a su casa. En la  conciencia de todos ellos no había remordimiento alguno, sentían como que habían matado bestias dañinas, perros del mal, ratas perjuicientas.
Lo único que sentían todos, era una inmensa nostalgia por la niña Crucita. Se les había pedido que no lloraran y así lo hicieron la mayoría. Pero también Crucita les había  pedido otras cosas, la más importante, hacer una fiesta año con año,  y ese pensamiento no se les apartaba, esa fiesta se iba  a hacer a costa de cualquier cosa… creían que era cosa fácil, pero no era así, en ese momento no se imaginaban lo que les esperaba…no se imaginaban lo que les esperaba.

FRANCISCO RODRÍGUEZ LÓPEZ. 

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