domingo, 24 de noviembre de 2013

CAPITULO XIX, LA PRIMERA FIESTA DE LA SANTA CRUZ

LA PRIMERA FIESTA DE LA SANTA CRUZ


Otro día, don Onofre Villarreal, en el trapiche del Ahualulco  hablo con Anastasio.
__ Mira Tacho, yo sé que no me vas a dejar solo en un pensamiento que traigo desde que la niña Crucita me dijo de la plaza. Vas a creer que ya la tengo dibujada en la cabeza. Una capilla, y a luego en donde sepultamos a la reinita un templete con su cruz bien grande, y enfrente su plaza, bien empedrada con sus bancas como en las grandes ciudades…asina mero la voy a hacer, voy a trabajar muy duro de modo que pal año que viene ya va a estar lista, cuando menos la plaza para hacer una fiesta ahí. La capilla es la que va a llevar tiempito, y se van a necesitar centavos, pero vas a ver que de algún modo. ¿Cómo la ves? ¿Tas conmigo?
__Se lo agradezco tanto don Onofre,  y sin preguntarle a nadie, le aseguro que todos los Haro y todos los Luna ahí nos va a tener, a su servicio.
__Pos no se hable más, todos los días cuatro personas van a estar trabajando ahí, que se vayan  turnando pa que no  dejen de  trabajar en sus cuamiles   y donde los ocupen, yo nomas acabando este trapiche, que es en dos semanas más, me voy pa allá, y no paro hasta que esté todo terminado,  ahí a ver como me sostengo.
__Ya veremos que no le falte nada don Onofre, va a ver que no lo dejaremos solo.
__Pos lo único que tengo entendido es que pa hacer una capilla así de grande, se ocupa permiso del señor cura, ahí te encargo que vayas a Moyahua a que nos lo den.
Ese  mismo domingo, Anastasio y Mercedes fueron a Moyahua para hablar con el señor cura José de Jesús Fregoso. Al buen hombre se le enchino la piel y sus ojos se rasaron de lágrimas al escuchar la triste noticia. Él había bautizado a Crucita, el sabia de sus milagros, el sabía que era una santa.
__Nos  debemos de resignar a su partida, Así lo dispuso el Altísimo y así debemos entenderlo. Ahora que si ella pidió una capilla…una capilla le daremos.
Por esa misma época llego al convento de Juchipila un fraile dominico llamado Bernabé, un hombre fanatizado con la ya extinta santa inquisición, y en todas partes que iba buscaba brujas para quemar y demonios para exorcizar. Desde el primer momento que supo de la historia de crucita y su característica de adivinar el futuro, la manera como había muerto y que se hacía una capilla en su honor, se opuso rotundamente argumentado con mucha fuerza que aquella niña debió de ser una bruja, y que no se debería de hacer nada en su honor,  ni una capilla, ni  una plaza, mucho menos una fiesta. Fue un verdadero opositor, le dio por ir casi todos los días a el Remolino y como podía evitaba que los trabajos prosperaran, Los albañiles huían aterrados al verlo llegar, porque de inmediato se quitaba el cordón con el que amarraba su habito y con el tundía a golpes a cualquier persona que trabajara en el lugar.
Fueron muchos los pleitos que tuvo con los Luna y los Haro. Más de una vez quiso llevarse a Anastasio y a Mercedes para limpiarlos del mal que le habían traído al mundo. Los amenazaba con excomulgarlos y los aterraba con los castigos del infierno. Pero por más que gritaba nadie le hizo caso, máxime que el buen cura, don José de Jesús Fregoso, los alentaba a que siguieran con el proyecto. Los enfrentamientos entre los dos clérigos eran verdaderas batallas religiosas, uno argumentando que todo era obra del demonio, otro, defendiendo el dulce recuerdo de los milagros de Crucita.
El primer aniversario de su muerte, fue un tres de mayo soleado. Don José María desde un día antes había mandado matar un buey y lo hicieron birria. Las mujeres no paraban de tortear, pues se había corrido la noticia que  habría fiesta en la  plaza del Remolino, que a toda la gente que fuera, se le daría de comer.  Para ese entonces la plaza era solo un predio limpio, un templete de piedra enjarrada con mezcla de cal  sobre la tumba de Crucita, más al fondo, los cimientos de la capilla que Bernabé no había dejado que creciera en sus paredes.
Del corazón de un tronco de mezquite, a puro golpe de zuela sacaron los dos maderos con los que un hombre llamado Peregrino López, hizo una hermosa Cruz que clavaron sobre el templete. Se veía hermosa desde el camino real.
Desde antes que amaneciera, Anastasio le había anunciado a Mercedes que iba al cerro a cortar unas pitahayas para darle a la gente, que entre más cosas hubiera, más lucida seria la fiesta.
La gente desde muy temprano empezó a llegar. Todos se veían felices. Unos a otros se contaban de los milagros que seguía haciendo la niña zaurina, pues se había vuelto un verdadero ser de fe.  Alguien empezó a rezar un rosario y de inmediato se hinco la gente a seguir el rezo con mucha devoción.
Un hombre llamado Crispín Rodríguez, se acercó con don José María y le murmuro al oído.
__Oiga don Chema, me permite unas palabras.
__Usted dirá don Crispín.
Jalándolo lo llevo hasta los cimientos y ahí le dijo.
__Don José María, yo no sé ni como decirle esto, tengo re harta vergüenza y si me dice que no, pos ni crea que me voy a ofender. Pero no sé si me pueda hacer un favor.
__A ver.
__Pos ustedes y todos nosotros tenemos mucho pesar por que se nos fue la niña Crucita, Pero si esto es una fiesta, pos le hace falta algo. Yo soy de Tayahua. Allá mero cuando tenemos fiesta la celebramos con danza. Mi tata me enseno a danzar, yo le enseñe a mis muchachos. Yo quisiera don Chema que me hiciera el favor de permitirme que mis muchachos y yo, pos, dancemos unos sones por el recuerdo de nuestra santa niña.
A don José María se le rasaron los ojos. Era lo mismo en Yahulica. Allá también las fiestas eran con danza y la fiesta de su niña Crucita estaba muy triste, con puros rezos.
__De verdad nos haría ese favor don Crispín. Sería un verdadero honor.
__Pos como de que no__ Respondió Crispín emocionado__ Nomas deme chance de traer el violín y va a ver lo que es bueno.
La gente sorprendida obedeció cuando se les pidió que dejaran un espacio abierto para aquellos improvisado danzantes. Eran siete mocetones que seguían a su padre. Uno de ellos abrió un viejo estuche y de ahí saco un violín que desde que soltó la primer nota, hizo que se estremecieran emocionados los corazones que lo escucharon.
Crispín apareció vestido con un taparrabo y un copetón de plumas coloridas.  Los otros muchachos, solamente vestidos en sus calzones y camisa de manta, con huaraches de tres correas.
La danza fue una verdadera sorpresa. La gente aplaudía emocionada. Aquella ya era una verdadera fiesta, todo era alegría y eso era lo que querían los Haro y los Luna.
En ese rato llego el señor cura de Moyahua, Don José de Jesús Fragoso. Llevaba con el veinte muchachos cargando su ajuar de tastoanes. Con mucha emoción se acercó a don José María y le dijo.
__Mire nomas don Chema, yo me traje mis tastoanes para que hubiera algo de alegría en la fiesta, pero me quedo con la danza, igual a la que se le danza a mi virgencita de Zapopan. Mis tastoanes son pa Santo Santiago, la danza va a ser pa la santa Cruz, es mi orden por hoy y por siempre. Muchachos __Les grito a sus invitados __No se vistan, mejor preparen un altar que hoy tendremos la primer misa aquí, en el rancho el Remolino.
__Gracias por venir señor cura. Es un gusto que nos acompañe.
__Como me iba a perder la birria que me prometió Anastasio, por cierto, ¿en dónde está?
Mercedes muy preocupada le respondió.
__Se fue a las pitahayas muy temprano padre, es hora que no vuelve, ya estoy muy preocupada. Aquí en mi corazón estoy presintiendo que le paso algo malo.
Mercedes noto que el padre se puso pálido. Solo hizo una pregunta.
__ ¿No ha venido el padre Bernabé? Había dicho que iba a evitar esta fiesta. A costa de todo y que si se armaban en seguirla preparando, lo iban a lamentar.
__No padre, bendito sea Dios no ha venido, ni queremos que venga, ya ve como se pone.
__ ¡Padre sacramentado, si no ha venido, es probable que de verdad tu esposo esté en peligro! ¡Pronto! ¡Que alguien vaya a buscarlo!

Dos de los Haro corrieron al cerro a buscar a su pariente. No se imaginaban lo que iban a encontrar…

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