domingo, 9 de febrero de 2014

CAPITULO XXV,"LOS VALIENTES NO ASESINAN", frase que libró a Reginaldo Horta de ser fusilado.


El general González Ortega se le quedo mirando con rabia. Volteo con uno de sus lugartenientes y dio una orden drástica.
__Arréstelo capitán. Este curro hoy se muere por insurrecto y ladrón.
La orden fue obedecida inmediatamente. Cuatro soldados desmontaron y apuntando con sus fusiles lo pusieron en calidad de prisionero.
__ ¡Usted no tiene derecho de hacer esto! ¡Yo soy un ciudadano honrado!
__ Usted es un insurrecto, un conservador, un traidor a la patria y por eso va a ser fusilado.
__ ¡Usted sabe perfectamente que eso es mentira! ¡Yo solo estoy defendiendo lo que es mío y el ladrón es usted por quererme quitar mis mulas!
__ ¡Ni usted ni nadie me llama ladrón! ¡Capitán, busque un paredón, vamos a fusilar a este curro!
A punta de bayoneta, los soldados obligaron a que Reginaldo caminara hacia la pared de una casa. Más que temeroso, se sentía indignado. Como era posible que lo fusilaran  nada más, sin un real motivo iba a morir.
Había mucha gente en aquellos corrales, la mayoría arrieros que conocían a Reginaldo y su familia. Se congregaron alrededor de los soldados, muchos no sabían que pasaba, pero el rumor se corrió pronto y se escuchaban débiles gritos de protesta.
Un soldado ya viejo quedo junto a Reginaldo, mientras los otros preparaban la fila del pelotón de fusilamiento.
__ ¿A poco de verdad me van a fusilar? __Preguntó Reginaldo ya muy temeroso.
__ Pos yo creo que si patrón. El general anda muy nervioso. Los franceses que derrotó el general Zaragoza ya regresaron y no los pudimos detener en Puebla Anda encorajado el general y nomas anda buscando como desquitarse.
__Pero yo no hice nada.
__Pos nos negó esas mulas. Nos hacen falta pa cargar los pertrechos. En las batallas nos han matado muchos animales.
__ ¿Y usted está de acuerdo con esto? ¿Qué me maten siendo inocente?
__ Yo solo soy un soldado, obedezco órdenes aunque nunca me ha gustado fusilar, eso de meterle un balín a un cristiano que no puede defenderse, siempre se me ha hecho de cobardes. Yo soy de los que pelean de frente y cuando mato defendiendo mi vida, no me remuerde mi conciencia, pero cuando fusilamos, como que si me siento mal.
__ Entonces no me fusilen.
__Pos es la orden. Y con su permiso. Ya está listo el cuadro, nomás falto yo. Mire, lo vamos a fusilar con público de lujo, ahí van llegando unos ministros del presidente Juárez.
En efecto, Reginaldo miro que arribo al lugar un carruaje y de él descendieron varios hombres elegantemente vestidos. Caminaron entre la gente del lugar que cada vez eran más, la noticia que iban a fusilar a Reginaldo Horta se había regado y llegaban corriendo por montones.
El general Gonzales Ortega se preparó para dar el mismo la orden al pelotón. Levanto su sable y grito.
__ ¡Preparen!
Reginaldo sudaba copiosamente. Sentía un temblor en sus piernas y a duras penas se sostenía de pie. Seguía sin comprender cabalmente su situación. Sin embargo a pesar del miedo que  no podía disimular, era mayor su rabia, por lo que también grito.
__ ¡Tengo derecho a un último deseo!
El general se le quedo viendo. Suspendió la segunda orden. Incrédulo ante la petición pregunto.
__ ¿Qué quiere?
__ Que me deje hablarles a sus soldados. Quiero perdonarlos porque me van a matar.
__ Bueno, tiene un par de minutos. Hable.
Reginaldo carraspeo. Miro a la gente, había muchos conocidos que  lo miraban incrédulos y asustados. Miro a los hombres elegantes recién llegados, luego miro fijamente a los soldados y dijo con voz alta.
__ ¡Soldados mexicanos! ¡En unos momentos más, van a disparar sus fusiles en contra de mi cuerpo! ¡Sé que lo van a hacer porque son buenos soldados y  solo obedecen órdenes, aunque a ustedes les duela matar a un hombre inocente! ¡Por favor tírenme al pecho, no quiero que desfiguren mi rostro para que así pueda reconocerme mi padre, don Fermín Horta, el héroe del cañón  de Juchipila, el hombre que acabara con la pandilla del  Gavilán! ¡Disparen sobre mí, pero luego regresen a la ciudad de México y no permitan que los malditos franceses sigan avanzando! ¡Ya nos demostró el general Zaragoza que pueden ser derrotados! ¡No existe ejército invencible! ¡Si hasta Alejandro Magno fue derrotado, Atila, Ciro el grande, El mismo Napoleón!  ¡También ustedes soldados mexicanos, puedes derrotar a esta bola de afeminados franceses! ¡Lo único que les voy a pedir, es que dejen de asesinar a otros mexicanos igual que ustedes! ¡Porque yo soy inocente, solo defendí mi propiedad y esto que harán será un asesinato! ¡Ustedes son valientes, y los valientes no asesinan! ¡Mátenme pues, pero luego vuelvan sus pasos y defiendan lo que sí es de ustedes, esta tierra de Dios! ¡Es todo general, puede dar su orden de asesino!
Los soldados se miraban entre ellos. Se notaban inquietos. Los murmullos entre los presentes crecieron, se escucharon protestas y frases diciendo que eso no lo soportaría Fermín Horta y vengaría a su hijo. Gonzales Ortega también sintió un cierto nerviosismo, Su ejército era muy reducido, si aquella gente se sublevaba no podría contenerlos, sin embargo  volvió a levantar su sable, pero antes de dar la primer orden escucho una voz imperativa a sus espaldas.
__ ¡Suspenda este fusilamiento general!
Volteo a ver quién le hablaba. Con premura respondió.
__ No puedo Guillermo. Este curro es un insurrecto.
__ Jesús, no sé exactamente que paso aquí, pero por las palabras de este hombre, se nota que no es cualquier persona de pueblo. Es un intelectual y se ve que la gente lo conoce y lo quiere. ¿Qué fue lo que hizo?
__ Nos robó una partida de mulas.
__ Nosotros no tenemos mulas.
__Bueno, nos las negó.
__ Esa no es razón para fusilarlo. Además dijo una verdad enorme. Si lo fusilas harás que el gobierno de Benito se vea como un aprovechado, como si fuéramos unos cobardes, pues solo los cobardes asesinan de esta manera. Estamos en desventaja Jesús. No puedes fusilarlo delante de esta gente.
__ No puedo retractarme. Es un conservador.
__ Mira, que te parece si lo llevamos a San Luis y que el mismo Benito lo juzgue, si él lo ordena lo puedes fusilar allá, lejos de su gente, no podemos perder partidarios, los franceses ya no tardan y si haces eso aquí, la gente se les va a unir.
Por un momento el general se quedó pensando. Volteo a ver al cuadro de pelotón y dio una orden.
__Amarren al prisionero. Nos lo llevamos a San Luis Potosí, allá lo fusilaremos.
Los soldados respiraron aliviados. Guillermo Prieto sonrió. El poeta de la patria recordó la frase del prisionero, Los valientes no asesinan, estaba de acuerdo con aquello.
En calidad de prisionero fue llevado a San Luis Potosí. Sus mulas fueron cargadas con pertrechos militares y en esa comitiva fue guiado a esa ciudad que en ese momento era la sede del gobierno Mexicano. Una mañana fue presentado ante el presidente de México, don Benito Juárez.
Aun atado Reginaldo llego ante el ejecutivo. Un hombre moreno, de tez tranquila que con voz pausada dio la orden.
__ Quiten las ataduras de este hombre. Ante mi nadie puede ser presentado de esta manera.
Al momento lo liberaron, luego Benito Juárez siguió hablando.
__ Te han traído ante mí, para que te juzgue, me han contado que eres un traidor a la patria y eso es suficiente para ser pasado por las armas, sin embargo también me contaron que no tuviste oportunidad de defenderte e hicieron bien al traerte ante mí para escuchar tu caso. Habla, defiéndete.
Reginaldo esbozo una sonrisa. Seguía vivo y esa ya era una ganancia. El largo camino que había recorrido desde Aguascalientes a San Luis, lo había aprovechado para meditar su situación, así que empezó a hablar.
__Señor presidente, es un honor para mí estar frente a usted. Por los periódico conservadores, me entero que usted es el insurrecto, pero por los periódico liberales a quienes creo más, me he dado cuenta que usted es un héroe. Que defiende mi patria de la invasión francesa. Ellos, los franceses,  no han respetado nuestro derecho de independencia, y usted defiende precisamente ese derecho. Ellos se creen poderosos y piensan que por ese poder pueden abusar de los más débiles. El pueblo sufre por esta guerra, pero es preferible morir, antes de volver a ser esclavos de otro pueblo.  Todo esto no se lo digo para quedar bien con usted, sino porque quiero hacer una analogía con mi persona. En este momento haga de cuenta que el general Jesús Gonzales Ortega es como los franceses, fuerte y poderoso, yo soy el pueblo mexicano. Es con ese poder que me ha robado mis mulas, animales que yo necesito para sobrevivir. Yo lo único que hice fue defender mi derecho de propiedad. Chistoso mi ejemplo, verdad, pero si entre las grandes naciones, así como entre los particulares, siempre se respetaran los derechos ajenos, nunca se rompería la paz. Porque le voy a advertir señor presidente. No es una amenaza, pero conociendo a mi padre, sé que no se quedaría contento si ustedes me matan y buscaría la manera de vengarme. En estos momentos señor, lo que menos necesita usted es otro enemigo. Yo necesito que me regrese mis mulas, si no es así, puede mandarme fusilar señor. Prefiero morir a ser un cobarde que se dejó robar.
Juárez estaba absorto ante aquella perorata. Respiro hondo y luego dijo pausadamente.
__ Muy sabias tus palabras muchacho, muy sabias. Tienes razón, el respeto al derecho ajeno es paz perdura dora. Necesitamos tus animales, los que traemos están cansados y algunos se han muerto en el camino y en las batallas. Pero me has dado una lección sobre los derechos ajenos y voy a ordenar que te regresen tus animales. Puedes irte, estás libre.
Reginaldo respiró hondo. Dio la media vuelta para retirarse, apenas había dado una docena de pasos cuando se detuvo, volteo a donde había quedado el presidente y le dijo.
__Señor, son veinticinco mis mulas. Si yo, por voluntad propia decido otorgarle a su ejército doce de ellas, ¿Usted las aceptaría?
__ Muchacho, esa sería una aportación muy apreciada y la patria te lo agradecería eternamente.
__ Así sea pues señor. Doce de mis mulas son para ustedes, con el resto yo puedo seguir trabajando.
Con emoción Juárez se acercó a Reginaldo y estrecho su mano.
Entonces sí, se dirigió a la salida, antes de llegar a la puerta escucho al presidente que con voz fuerte llamaba a uno de sus ministros y le decía.
__ Ignacio Ramírez, tú que eres considerado el más inteligente de mi gabinete, analiza esta frase que se me acaba de ocurrir……..tanto entre los individuos como entre las naciones…….
Ya no alcanzo a escuchar más, porque en ese momento al salir del improvisado palacio nacional, miro que iba llegando su padre, don Fermín Horta, acompañado por varios de sus hombres. Al mirarse padre e hijo, corrieron para enlazarse en un apretado abrazo.

La segunda invasión francesa fue muy cruel, miles de mexicanos murieron, pero al final evitaron que otro país nos esclavizara. En Juchipila fue muy notoria en esa época la división social, existían los dos partidos, liberal y conservador. El ranchito del Remolino siempre se distinguió por ser liberal, máxime después de aquel encuentro de Reginaldo con el mismo presidente. Cuando se iba a imaginar Fermín Horta, con lo liberal que era, que una de sus hijas se casara precisamente con un soldado francés. Esta es la historia de la hija de Fermín Horta.
FRANCISCO RODRÍGUEZ LÓPEZ



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