El remolino historia fantastica

viernes, 6 de diciembre de 2013

CAPITULO XXI, LA ODISEA DEL SEÑOR OBISPO EN LA NACIENTE PLAZA DE EL REMOLINO.

Fue una verdadera odisea llevar al Obispo hasta el Remolino. Para bajar y subir lo que llamaban la Barranca, de Guadalajara a Ixtlahuacán, se hizo una especie de parihuela y ahí acostaron al clérigo, luego entre cuatro hombres lo llevaron hasta bajar al rio y luego volver a subir la montaña. En los llanos de Ixtlahuacán fue más fácil, un rico hacendado les presto su elegante diligencia y así llegaron hasta los dominios de la  hacienda de Santa Rosa, en donde de nuevo tuvieron que bajar al hombre acostado en su parihuela. Ya en Moyahua lo llevaron en una carreta y así, un nublado mediodía de los finales del mes de  mayo, el Obispo de Guadalajara, Juan Cruz Ruiz de Cabañas y Crespo, arribaba a la naciente plaza del Remolino.
El padre José de Jesús Fragoso, durante todo el trayecto estuvo mandando emisarios anunciando y preparando los arribos del  obispo a los diferentes pueblecitos  por donde fueron pasando, por eso, en el Remolino ya lo estaban esperando.  Eran cientos de personas las que estaban en la plaza. Los Luna y los Haro habían preparado un banquete igual al que hicieran el pasado tres de mayo. Un trio de violín, guitarra y tambora amenizaban el ambiente, había tastoanes y danzantes, la gente había formado una valla  desde el camino real hasta el montículo donde posaba la hermosa Cruz de mezquite. Al fondo estaban los Luna y los Haro, además, todos los clérigos que Vivian en la región, todos, incluyendo al maléfico Bernabé, que muy serio con una mirada rabiosa observaba todo lo que acontecía.
El obispo pidió que lo bajaran de la carreta y así, caminando entre las dos filas de personas que lo ovacionaban, lentamente se dirigió a la hermosa cruz que lo esperaba al fondo. El hombre sonreía, se sentía feliz, para sí mismo pensó “Estoy en un lugar santo, aquí vivió una ángel enviado por el señor”
Anastasio y Mercedes fueron quienes lo recibieron. Se inclinaron frente a él y besaron su mano.
__ Ustedes han de ser los padres de esa niña santa, los encargados de cuidarla, como lo fueron María y José con nuestro señor Jesucristo. Benditos sean por siempre.
__ ¡Gracias señor obispo por haber venido! __ Dijo Anastasio con voz alta para que lo escucharan todos __ Gracias porque así, se ha de saber que mi hija fue una santa y no una bruja como algunos dicen __ Y luego volteo a ver y señalo  a Bernabé con coraje.
El obispo estaba bien informado sobre el caso de aquel inquisidor. Volteo a verlo, noto la mirada del monje, el obispo se estremeció, como si a quien estuviera viendo era el mismísimo demonio. Entonces lo encaro.
__ ¿Eres  Bernabé?
El monje solo movió la cabeza afirmativamente.
__ Hijo __ Dijo el obispo en un tono amoroso __ sé que fuiste inquisidor, sé que eres un hombre de mucha fe, que eras un fiscal y verdadero defensor de nuestra santa, católica y apostólica iglesia, pero sábete buen cristiano, la inquisición ha sido abolida, ya no existe, era cruel y por eso a bien de todos, ha desaparecido.
Bernabé lo miro,  con voz ronca argumento.
__Aquí vivió una bruja, dicen que hacia milagros, era solo el demonio engañando gente, su excelencia no debe ni aceptar ni bendecir este lugar.
__ ¡Padre Bernabé, sépase que la madre de Dios me ha ordenado venir a este lugar y bendecirlo. Es mi orden que te redimas y aceptes mi mandato, no volverás a hablar mal de esta causa, aquí nació y murió una niña santa, es mi veredicto! ¡Voy a bendecir este lugar, y nadie lo podrá impedir, ni tú, ni nadie!
El monje cayó de rodillas y avanzando de esa manera, con la cabeza agachada se dirigió a su superior. El obispo tendió su mano para que la besara el rebelde. Al levantar este las manos, don José María alcanzo a ver algo extrañas en ellas. El viejo grito presintiendo algo malo, pero fue demasiado tarde, cuando Bernabé tomo la mano del obispo, este lanzo un grito espantoso, quiso retirarla, pero Bernabé lo sostenía fuertemente y no pudo, solo siguió gritando.
__ ¡Trae alacranes en la mano! ¡Le están picando al obispo! ¡Quítenlo de ahí! __ El viejo José María gritaba desesperado.
Anastasio por ser la persona más cercana a ellos, se arrojó sobre Bernabé para que soltara la mano del prelado, rodaron por el suelo. Bernabé malévolamente puso una de sus manos sobre el cuello de Anastasio, al momento este también lanzo un alarido y se tomó del cuello, entonces el mal monje se incorporó y riendo malévolamente le mostro las manos amenazantes a los presentes, que para entonces ya los habían rodeado. La gente pudo ver que en ambas manos, el cura se había puesto una gran plasta de miel y cera, luego sobre aquella mezcolanza pegajosa se había pegado diez ponzoñosos alacranes dejándoles la cola suelta, los cuales,  no paraban de tirar aguijonazos por la desesperación de sentirse atrapados. La miel y cera impedían que los aguijones tocaran la piel del mal monje.
El Obispo cayo presa de espasmos, eran múltiples los piquetes que había recibido, era mucho el veneno que ya corría por su cuerpo.  Las reacciones naturales del cuerpo a aquel veneno  tan toxico entre otras muchas, es paralizar la quijada, por lo cual el obispo ya no podía hablar. Anastasio había sido picado en el cuello, el veneno llego inmediatamente al cerebro, también se convulsionaba igual que el obispo.
Bernabé reía maléficamente mientras mostraba sus manos armadas con aquellas alimañas y gritaba __ ¡Ahora si, nadie podrá bendecir esta tierra ni hacer ese sacrilegio.
 Nadie se atrevía a acercársele. El clérigo estaba rodeado de gente. No podía huir, ni le interesaba, quería ver completa su obra. Se sentía protegido con sus alacranes. Miro que alguien se abría paso entre la gente y se acercaba a él.
El viejo José María se sintió rabioso. Sin medir las consecuencias se acercó al moje. Bernabé le mostro sus manos. Don Chema estiro una de sus manos y sin temor arranco de ahí un alacrán. Grande fue la sorpresa de los presentes y del monje mismo cuando el viejo clavo el aguijón del insecto en su antebrazo. El alacrán quedo muerto, pegado a la piel del viejo, colgando inerte.
__ Nada, nada me pueden hacer tus cochinadas.  En cambio yo a ti, si te puedo y te voy a hacer pedazos. Y esto me lo va a perdonar Dios, porque no voy a matar a un padre, voy a matar a un diablo, como cuando matamos al Gavilán. ¡Alguien, que me dé un machete!
Bernabé abrió los ojos desmesuradamente. Varios machetes aparecieron al momento. Don José María tomo uno de ellos y lo levanto amenazadoramente. El monje retrocedió asustado. El viejo avanzo. El círculo de personas se apretó para impedir que Bernabé retrocediera más. Cuando estuvieron a distancia para que el machete pudiera cumplir su objetivo, El viejo Luna apretó la cacha fuertemente y justo, cuando iba a soltar el golpe escucho la voz más hermosa que su cerebro recordara.
__ ¡No abuelito! ¡No hagas eso!
Todos los presentes escucharon también la voz y voltearon asombrados al lugar donde esta se originaba. Grande fue su sorpresa pero nadie sintió miedo. Ahí, al pie de la cruz de mezquite estaba ella, la niña zaurina del Remolino, la santa niña Crucita, en cuerpo y alma, igual que un año antes. Todos se arrodillaron inmediatamente menos don José María y el monje que estuvo a punto de morir. El viejo soltó el machete y empezó a llorar emocionado. La gente miro como la niña bajo del templete y lentamente se dirigió a donde estaba su padre abrazado por Mercedes. Toco su cabeza y amorosamente le dijo.
__Levántate papa. Nada te ha pasado__ Al instante Anastasio dejo de sentir dolor alguno.
Luego aquella aparición se acercó al obispo que era sostenido por el padre José de Jesús Fregoso. De igual manera como lo hiciera con su padre, toco también su cabeza mientras decía.
__Nada te ha pasado buen hombre y sábetelo, nuestro señor me ha mandado con un mensaje. Todos tus pecados te han sido perdonados. Que tu corazón ya no sufra por haber coronado a un demonio. No fue tu culpa. Eres un santo y por tanto fuiste elegido para venir a bendecir esta tierra tan hermosa. Esta, la capital del cielo. Levántate y haz lo que tienes que hacer.
El buen hombre abrió los ojos, al instante se le llenaron los ojos de lágrimas emocionadas. Sonrió amoroso porque sintió una paz enorme en su corazón. Luego miraron que Crucita se dirigió a donde estaban su abuelo y el monje Bernabé.
Fue entonces que don José María se arrodillo. La niña acaricio su rostro. No le dijo nada, porque en ese momento la santa encaro al monje.
__ Eres muy bueno Bernabé, luchas por la fe de Cristo, pero te has desviado un poco del camino. Esa no es tu misión Bernabé. Hoy abras de descubrirla. Tus pecados te han sido perdonados.
En ese instante todos vieron como en el cielo nublado del Remolino se abrieron las nubes y un rayo de sol bajo hasta donde estaba Crucita. Era una luz muy blanca y con mucha emoción todos vieron como ella se fue elevando al cielo mientras la luz se iba desvaneciendo lentamente y se volvieron a cerrar las nubes. Luego hubo un instante de silencio total, solamente se miraban unos a otros hasta que los gritos del obispo los sacaron a todos de aquel letargo.
__ ¡Milagro! ¡Milagro! ¡Esto es un milagro! ¡Estoy bien! ¡Estoy bien!
Entonces fue que todos los presentes empezaron a gritar eufóricos. Testigos de un milagro. Lloraban, reían, gritaban. El obispo se incorporó y con toda la emoción del mundo pidió agua bendita y así, luego de aquel milagro y seguido por todas aquellas personas, empezó a bendecir el lugar. Bendijo la plaza, bendijo el montículo donde habían sepultado a Crucita y donde ahora estaba aquella cruz de mezquite sombreada por dos huizachillos, luego fue a donde estaban los cimientos de la capilla y los bendijo, diciendo que desde ese momento nombraba al lugar por orden de la madre de Dios, Capilla del Remolino, única capital del cielo.
Luego fueron a comer, felices, tranquilos, sintiéndose protegidos por la bondad de un santo obispo y el manto de Santa Crucita. Solo se sintió nuevamente la inquietud cuando don José María hizo una observación.
__Oigan gentes, y a todo esto, ¿onde quedo el mula de Bernabé?
Hasta ese momento se acordaron de él. El obispo palideció. Recordó lo que la madre de Dios le había dicho, que no regresaría con vida a Guadalajara. Alguien grito que sobre una piedra había algo. Fueron a ver. Ahí estaba las plastas de miel y cera junto con los cadáveres de los alacranes, pero Bernabé había desaparecido.
__ No se preocupe señor obispo__  Dijo consolador don Fermín Horta __ En lo que usted este con nosotros y en su viaje de regreso, yo y la santa niña Crucita nos vamos a encargar de cuidarlo.
Pero don Fermín no pudo cumplir su promesa. El Obispo estuvo dos semanas en la región, durante este tiempo el buen hombre fue cuidado por el arriero, pero un día tuvo que ir don Fermín a encontrar unos arrieros que venían de Cuquío con una piara de cerdos y le habían avisado que una jauría de lobos los amenazaba, así que tuvo que ir a su encuentro con su escolta de lanceros. Ese día, el  obispo decidió que era momento de volver a Guadalajara, pero no quería irse sin visitar otras parroquias de su homilía, así que ordeno que regresara subiendo por la  sierra hasta llegar a Nochistlán, luego iría a San Juan de los Lagos para volver a la capital. Solamente el señor cura de Moyahua intento disuadirlo de su plan, era tiempo de lluvias y aquel viaje sería muy peligroso para su salud.
__ Es mi orden y es mi deseo padre José, y quiero que vaya conmigo.
Así que aquella mañana lo subieron en una carreta y acompañados por una pequeña comitiva, se despidió para siempre de la gente del Remolino, sin imaginar que muy pronto se llevaría el susto de su vida.
Iban muy tranquilos por el camino real, a un lado del camino había un surco muy largo plantado de nopales. Comentaba el clérigo sobre las propiedades alimenticias y medicinales de aquel cactus con el carretero, cuando este detuvo el vehículo y gritaba muy asustado.
__ ¡Señor obispo! ¡Mire, ahí! ¡Es Bernabé!
En efecto, a mitad del camino estaba el, Bernabé, con el torso desnudo y un gran madero sobre sus hombros. El obispo se sintió amenazado.


lunes, 25 de noviembre de 2013

CAPITULO XX, EN BUSCA DEL OVISPO JUAN CRUZ RUIZ DE CABAÑAS Y CRESPO

Los  dos muchachos Haro corrieron al cerro. Conocían perfectamente en donde pitahayaba Anastasio. Apenas iban subiendo la primera ladera del cerro, cuando escucharon a lo lejos unos gritos violentos y otros muy doloridos. Apresuraron el paso. De repente al subir la primera loma, se encontraron con una escena dantesca. Atado de los brazos y colgado de ellos en la rama de un mezquite estaba Anastasio. Semidesnudo y con la espalda roja de la sangre que manaba de ella. A un lado, el fraile Bernabé con un látigo de siete puntas, sudoroso, descargando sin misericordia tremendos golpazos mientras gritaba iracundo
__ ¡Sal bestia maldecida! ¡Sal del cuerpo de este hombre! ¡Confiesa, confiesa, tu hija era una bruja, confiesa!
__! Ay! ¡Noooooooo, Noooooooo, mi hija es una santa!
Los dos jóvenes apresuraron sus pasos, con rabia y temor se acercaron a los dos hombres, al llegar se agacharon y agarraron un par de piedras cada uno. Bernabé no los escucho llegar concentrado en su castigo, así que fue una sorpresa para él,  sentir el primer piedrazo en su espalda, luego otro golpe en el brazo que hizo que el látigo callera al suelo. Volteo a ver a los recién llegados que, apenas disparaban un proyectil y ya se estaban agachando para agarrar otra piedra, había miles de ellas, y lo peor de todo, tenían una puntería endemoniada.
__!Ey! ¡Los castigara Dios y…!
No lo dejaron de terminar decir su maldición, pues otra andanada de piedras le llovió, así que  a aquel cura loco, no le quedo de otra que correr, huir para salvar su integridad física. Los muchachos lo persiguieron hasta que vieron que tomo rumbo a Juchipila, entonces regresaron a auxiliar a Anastasio. El hombre se quejaba horriblemente, su camisa de manta estaba hecha jirones, roja por la sangre, en la nuca también tenía sangre, pero está ya estaba seca.
__ ¿Pos que paso tío?__Lo cuestionaron mientras lo liberaban de las cuerdas con que estaba atado.
__No sé, solo recuerdo haber sentido un golpe en la cabeza, luego desperté aquí, amarrado.
Con mucho sacrificio, abrazado a los hombros de los dos muchachos, regresaron al Remolino. Lo quisieron dejar en los jacales de los Luna, pero estos estaban solos, además Anastasio insistió que quería estar en la fiesta de su hija.
Grande fue la sorpresa de todos quienes estaban ahí. La gente se arremolino para escuchar lo que había pasado. Al saber la historia se escucharon gritos de coraje y amenazas de muerte en contra de Bernabé. Entonces fue que hablo el señor cura José de Jesús Fregoso.
__No buenas gente, no. Nada podemos hacer contra el padre Bernabé, porque aunque haga, lo que haga, el padre Bernabé no deja de ser un soldado de Cristo y sus acciones son para preservar la fe, según él. Si alguno de ustedes se manchara las manos con su muerte, entonces su sangre estaría maldita por siete generaciones, por haber matado a un ciervo de Dios. Nosotros no podemos hacer nada. Esto es un caso que tiene que resolver su eminencia, monseñor, arzobispo Juan Cruz Ruiz de Cabañas y Crespo. Mañana mismo tomare camino a Guadalajara para ir a verlo.

Cuenta la historia, que el obispo Juan Cruz Ruiz de Cabañas y Crespo, fue un santo. Con un amor infinito por los desamparados. Un verdadero guardián de la gente pobre. Que el primer día que llego a Guadalajara para tomar su puesto como obispo, fue recibido con un banquete inmenso, digno de un personaje como era él. Que luego de ver tal cantidad de bastimentos pregunto.
__ ¿Y toda esta comida? ¿Cuantos invitados hay?
__Solo usted su eminencia __Le respondieron __ Solo usted y las personas que lo acompañan.
__ ¡No! __Dijo enérgicamente __ Esto es un derroche, un pecado a tanta banalidad, un hombre puede ser alimentado con infinitamente menos de todo esto que hay aquí, así que es una orden, salgan a la calle y traigan a cuanta persona hambrienta se encuentren para que compartan la comida conmigo.
Ese, su primer día, el obispo Cabañas, como luego se le conociera, comió rodeado de la gente más pobre de la ya desde entonces, hermosa ciudad de Guadalajara y jamás volvió a ser atendido con otro banquete, como él decía, derroche de banalidades.
En ese mismo banquete, se dio cuenta de que en la ciudad había una cantidad muy grande de huérfanos y menesterosos, por esa razón también, una de las primeras ordenes que dio, fue la de construir un hospicio, en donde se atendiera a toda aquella gente, un edificio que ha sobrevivido a muchas guerras y aún sigue siendo un mudo testigo de la bondad de aquel hombre, un edificio que por su belleza arquitectónica es un orgullo para la perla tapatía, un edificio que en un principio fue llamado la casa de la misericordia, pero que actualmente lleva en nombre de su honorable fundador, HOSPICIO CABANAS
Por más de dos décadas el buen hombre estuvo a cargo de la enorme diócesis de Guadalajara, cuyo límite al norte, era el llamado arroyo  del Zapote, por tanto el Remolino estaba en sus fueros. Esas dos décadas el prelado sobrevivió a la guerra de independencia, fue precisamente este hombre quien excomulgara a Miguel Hidalgo y Costilla por haber tomado las armas y dejar la fe de Cristo, eso siempre lo entristeció, y aunque nunca se arrepintió de haberlo hecho, le dolía la excomulgación de cualquier soldado de la iglesia. Solo había una acción de su vida que si le dolía, le molestaba y se arrepentía de haberlo hecho, esto era, haber coronado al emperador Iturbide a la consumación de la Independencia. Le dolía recordar el momento en que aquel hombre déspota se inclinó frente a él y se vio obligado a colocarle aquella corona de oro, luego soportar sus palabras de poder. Su arrepentimiento era tan grande que todas las tardes iba a una pequeña capilla y ahí, inclinado frente a un crucifijo rezaba e imploraba por el perdón de su alma.
La ultima tarde que fue a rezar, al estar inclinado frente al crucifijo, sintió una cálida mano que tocaba su cabeza, era un contacto muy extraño, una caricia divina. Una luz muy blanca lo obligó a cerrar sus ojos por lo que no pudo ver nada y curiosamente no se podía mover, pero no sintió miedo, al contrario, sintió una enorme paz. Estando así fue que escucho una dulce voz.
__No temas hijo, y no pidas más por el perdón de tus pecados que todo te ha sido perdonado. Tu alma es buena y pura, sin embargo para alivio de tu conciencia por haber coronado a un rey falso, he aquí que se te pide  una encomienda. Hoy alguien habrá de pedirte que vayas a bendecir una capilla. Puedes negarte porque el lugar es muy lejano y tu edad ya es avanzada, nadie te reprochara nada y tu alma seguirá siendo limpia. Sin embargo si aceptas ir, harás tu obra magna en este mundo, bendecir la tumba de una santa. Sábete hijo que este viaje no tiene regreso. Sufrirás muchas incomodidades. Te enfrentaras al demonio. Sufrirás enfermedades, pero tu recompensa vendrá, tendrás oportunidad de vencer al fanatismo y bendecirás la capital del cielo, el lugar donde reposan los restos de  la Santa Crucita, la más pequeña enviada de nuestro señor. Prepárate Juan Cruz, que también Cruz es tu nombre. Prepárate para ir a la capital del cielo, al  hermoso ranchito el Remolino.
Luego la luz se fue desvaneciendo, El obispo pudo abrir los ojos. Respiro hondo y se sintió  feliz. En ese instante entro un sirviente que le anunciaba.
__Su eminencia, lo buscan con urgencia.
__Ya lo sé, ya lo sé.
Cuando llego al lugar donde lo esperaba el señor cura José de Jesús Fregoso, el obispo lo saludo amablemente y antes de que dijera nada, le dijo.
__ Preparémonos padre, preparémonos, que mañana salimos temprano con rumbo del hermoso Remolino y bendeciremos la tumba de Santa Crucita.

El cura de Moyahua abrió los ojos desmesuradamente. Aquel hombre era un santo, ¿Cómo sabría a que iba si no le había dicho nada? El solo iba a pedirle un consejo, jamás se imaginó que el mismo obispo lo acompañaría, que bueno, un obispo en su feligresía, aunque en ese momento ninguno se imaginaba los problemas que les traería un  demonio, el demonio  que habitaba en el cuerpo de Bernabé.

domingo, 24 de noviembre de 2013

CAPITULO XIX, LA PRIMERA FIESTA DE LA SANTA CRUZ

LA PRIMERA FIESTA DE LA SANTA CRUZ


Otro día, don Onofre Villarreal, en el trapiche del Ahualulco  hablo con Anastasio.
__ Mira Tacho, yo sé que no me vas a dejar solo en un pensamiento que traigo desde que la niña Crucita me dijo de la plaza. Vas a creer que ya la tengo dibujada en la cabeza. Una capilla, y a luego en donde sepultamos a la reinita un templete con su cruz bien grande, y enfrente su plaza, bien empedrada con sus bancas como en las grandes ciudades…asina mero la voy a hacer, voy a trabajar muy duro de modo que pal año que viene ya va a estar lista, cuando menos la plaza para hacer una fiesta ahí. La capilla es la que va a llevar tiempito, y se van a necesitar centavos, pero vas a ver que de algún modo. ¿Cómo la ves? ¿Tas conmigo?
__Se lo agradezco tanto don Onofre,  y sin preguntarle a nadie, le aseguro que todos los Haro y todos los Luna ahí nos va a tener, a su servicio.
__Pos no se hable más, todos los días cuatro personas van a estar trabajando ahí, que se vayan  turnando pa que no  dejen de  trabajar en sus cuamiles   y donde los ocupen, yo nomas acabando este trapiche, que es en dos semanas más, me voy pa allá, y no paro hasta que esté todo terminado,  ahí a ver como me sostengo.
__Ya veremos que no le falte nada don Onofre, va a ver que no lo dejaremos solo.
__Pos lo único que tengo entendido es que pa hacer una capilla así de grande, se ocupa permiso del señor cura, ahí te encargo que vayas a Moyahua a que nos lo den.
Ese  mismo domingo, Anastasio y Mercedes fueron a Moyahua para hablar con el señor cura José de Jesús Fregoso. Al buen hombre se le enchino la piel y sus ojos se rasaron de lágrimas al escuchar la triste noticia. Él había bautizado a Crucita, el sabia de sus milagros, el sabía que era una santa.
__Nos  debemos de resignar a su partida, Así lo dispuso el Altísimo y así debemos entenderlo. Ahora que si ella pidió una capilla…una capilla le daremos.
Por esa misma época llego al convento de Juchipila un fraile dominico llamado Bernabé, un hombre fanatizado con la ya extinta santa inquisición, y en todas partes que iba buscaba brujas para quemar y demonios para exorcizar. Desde el primer momento que supo de la historia de crucita y su característica de adivinar el futuro, la manera como había muerto y que se hacía una capilla en su honor, se opuso rotundamente argumentado con mucha fuerza que aquella niña debió de ser una bruja, y que no se debería de hacer nada en su honor,  ni una capilla, ni  una plaza, mucho menos una fiesta. Fue un verdadero opositor, le dio por ir casi todos los días a el Remolino y como podía evitaba que los trabajos prosperaran, Los albañiles huían aterrados al verlo llegar, porque de inmediato se quitaba el cordón con el que amarraba su habito y con el tundía a golpes a cualquier persona que trabajara en el lugar.
Fueron muchos los pleitos que tuvo con los Luna y los Haro. Más de una vez quiso llevarse a Anastasio y a Mercedes para limpiarlos del mal que le habían traído al mundo. Los amenazaba con excomulgarlos y los aterraba con los castigos del infierno. Pero por más que gritaba nadie le hizo caso, máxime que el buen cura, don José de Jesús Fregoso, los alentaba a que siguieran con el proyecto. Los enfrentamientos entre los dos clérigos eran verdaderas batallas religiosas, uno argumentando que todo era obra del demonio, otro, defendiendo el dulce recuerdo de los milagros de Crucita.
El primer aniversario de su muerte, fue un tres de mayo soleado. Don José María desde un día antes había mandado matar un buey y lo hicieron birria. Las mujeres no paraban de tortear, pues se había corrido la noticia que  habría fiesta en la  plaza del Remolino, que a toda la gente que fuera, se le daría de comer.  Para ese entonces la plaza era solo un predio limpio, un templete de piedra enjarrada con mezcla de cal  sobre la tumba de Crucita, más al fondo, los cimientos de la capilla que Bernabé no había dejado que creciera en sus paredes.
Del corazón de un tronco de mezquite, a puro golpe de zuela sacaron los dos maderos con los que un hombre llamado Peregrino López, hizo una hermosa Cruz que clavaron sobre el templete. Se veía hermosa desde el camino real.
Desde antes que amaneciera, Anastasio le había anunciado a Mercedes que iba al cerro a cortar unas pitahayas para darle a la gente, que entre más cosas hubiera, más lucida seria la fiesta.
La gente desde muy temprano empezó a llegar. Todos se veían felices. Unos a otros se contaban de los milagros que seguía haciendo la niña zaurina, pues se había vuelto un verdadero ser de fe.  Alguien empezó a rezar un rosario y de inmediato se hinco la gente a seguir el rezo con mucha devoción.
Un hombre llamado Crispín Rodríguez, se acercó con don José María y le murmuro al oído.
__Oiga don Chema, me permite unas palabras.
__Usted dirá don Crispín.
Jalándolo lo llevo hasta los cimientos y ahí le dijo.
__Don José María, yo no sé ni como decirle esto, tengo re harta vergüenza y si me dice que no, pos ni crea que me voy a ofender. Pero no sé si me pueda hacer un favor.
__A ver.
__Pos ustedes y todos nosotros tenemos mucho pesar por que se nos fue la niña Crucita, Pero si esto es una fiesta, pos le hace falta algo. Yo soy de Tayahua. Allá mero cuando tenemos fiesta la celebramos con danza. Mi tata me enseno a danzar, yo le enseñe a mis muchachos. Yo quisiera don Chema que me hiciera el favor de permitirme que mis muchachos y yo, pos, dancemos unos sones por el recuerdo de nuestra santa niña.
A don José María se le rasaron los ojos. Era lo mismo en Yahulica. Allá también las fiestas eran con danza y la fiesta de su niña Crucita estaba muy triste, con puros rezos.
__De verdad nos haría ese favor don Crispín. Sería un verdadero honor.
__Pos como de que no__ Respondió Crispín emocionado__ Nomas deme chance de traer el violín y va a ver lo que es bueno.
La gente sorprendida obedeció cuando se les pidió que dejaran un espacio abierto para aquellos improvisado danzantes. Eran siete mocetones que seguían a su padre. Uno de ellos abrió un viejo estuche y de ahí saco un violín que desde que soltó la primer nota, hizo que se estremecieran emocionados los corazones que lo escucharon.
Crispín apareció vestido con un taparrabo y un copetón de plumas coloridas.  Los otros muchachos, solamente vestidos en sus calzones y camisa de manta, con huaraches de tres correas.
La danza fue una verdadera sorpresa. La gente aplaudía emocionada. Aquella ya era una verdadera fiesta, todo era alegría y eso era lo que querían los Haro y los Luna.
En ese rato llego el señor cura de Moyahua, Don José de Jesús Fragoso. Llevaba con el veinte muchachos cargando su ajuar de tastoanes. Con mucha emoción se acercó a don José María y le dijo.
__Mire nomas don Chema, yo me traje mis tastoanes para que hubiera algo de alegría en la fiesta, pero me quedo con la danza, igual a la que se le danza a mi virgencita de Zapopan. Mis tastoanes son pa Santo Santiago, la danza va a ser pa la santa Cruz, es mi orden por hoy y por siempre. Muchachos __Les grito a sus invitados __No se vistan, mejor preparen un altar que hoy tendremos la primer misa aquí, en el rancho el Remolino.
__Gracias por venir señor cura. Es un gusto que nos acompañe.
__Como me iba a perder la birria que me prometió Anastasio, por cierto, ¿en dónde está?
Mercedes muy preocupada le respondió.
__Se fue a las pitahayas muy temprano padre, es hora que no vuelve, ya estoy muy preocupada. Aquí en mi corazón estoy presintiendo que le paso algo malo.
Mercedes noto que el padre se puso pálido. Solo hizo una pregunta.
__ ¿No ha venido el padre Bernabé? Había dicho que iba a evitar esta fiesta. A costa de todo y que si se armaban en seguirla preparando, lo iban a lamentar.
__No padre, bendito sea Dios no ha venido, ni queremos que venga, ya ve como se pone.
__ ¡Padre sacramentado, si no ha venido, es probable que de verdad tu esposo esté en peligro! ¡Pronto! ¡Que alguien vaya a buscarlo!

Dos de los Haro corrieron al cerro a buscar a su pariente. No se imaginaban lo que iban a encontrar…

lunes, 24 de septiembre de 2012

CAPITULO XVIII, la muerte del gavilán





La muerte del Gavilán

 

_ ¡Lo escojo a él! 
 __Volvió a repetir el Gavilán, mientras señalaba a su elegido y adornaba su rostro con una cínica sonrisa__ Pa que me decían que podía escoger al que quisiera y si le ganaba me dejan ir.
Los comentarios se dejaron escuchar.
__  ¡El no!
__ Aprovechado.
__ ¡Escógeme a mí!
__ No la jodas Gavilán.
Hasta que se escucho hablar al elegido.
__ ¿Ja, crioque me estas apuntando a mi?
__ Si, a usted viejo, por ser el más hablador.
El viejo José María Luna soltó una carcajada que dejó sorprendidos a todos los presentes, incluso al Gavilán.
__ Pero ni sabes lo que acabas de hacer hijo de tu chinaca madre.  Ni sabes lo que acabas de hacer. A lo mejor con cualquier otro hubieras tenido una oportunidad, pero conmigo ni en sueños. Que babosada más grande acabas de hacer, y sábetelo, aquí está mi paliacate, bájate de tu burro y agárrate si de verdad te sientes hombre, y mira, con tu misma daga te voy a pelear.
El l viejo sin dejar de sonreír divertido dio un par de pasos el frente.
__ ¡No tío!
__ ¡No apá!
__ Hombre don José María, déjeme ser yo el que enfrente a este marrano.
Don José María molesto volteo a ver a todos sus familiares y con energía les dijo.
__ Miren, les voy a decir una cosa. En la mañana cuando  mi niñita Crucita fue a verme a la casa, me lo dijo bien clarito, abuelo, a ti te quedan muchos años de vida. Tú no te vas a morir hoy, ni siquiera vas a volver a sentir una herida. Vas a morir dormido.  ¿Entienden cabrestos las palabras de mi niña? ¿Hay uno siquiera de ustedes que las ponga en duda?
Nadie le dijo nada e increíblemente en el rostro de todos ellos, se fue dibujando una sonrisa.
Los chinacos también escucharon aquello y más de uno se santiguo volteando a ver al Gavilán, incluso el trago saliva. Sin embargo acerco su caballo al de la Cazanga y le dijo al oído.
__ Ya sabes yo como peleo. Voy a  darle el jalón al viejo y le voy a dar un piquete en la espalda, luego cuando estén descuidados ayudándolo, les damos en la madre.
__ Ten cuidado Gavilán, ya oites lo que dijo el viejo. No va a estar fácil. Y eso si te digo, pelea como los machos, si no se suelta del paño, peléale hasta lo último, si se suelta me lo dejas a mí, aunque este viejo no soporto los cobardes.
La Cazanga conocía perfectamente la manera como el Gavilán acababa con los rivales que enfrentaba en esa clase de pleitos. Tenía una técnica.  En un momento dado, le daba un jalón muy fuerte al paliacate para hacer que el rival se le acercara, lo dejaba pasar de lado por el envite, de una patada golpeaba la mano en donde el rival llevaba el arma, y luego, al tenerlo de espalda, le encajaba su puñal a la altura de los riñones, para después, desarmados y heridos jugar con ellos hasta que soltaban la tela, y entonces sí, matarlos por cobardes. La Cazanga recordaba aun con admiración, al hacendado aquel en Nochistlán, que murió desangrado, pero nunca soltó el paliacate.
El Gavilán desmonto, le pidió su daga a la Cazanga, pues la de él la sostenía el viejo. Volvió a sentir un estremecimiento al recordar en donde la había dejado la última vez que la lanzo.
Se acercó al viejo y mientras tomaba un extremo del pañuelo le dijo.
__ ¡Este día te mueres viejo. Y luego toda tu familia!
__ Ja,  Pendejo. Si vieras que el que se va a morir es otro. Si hasta me están dando ganas de ponerte el pecho de oquis, nomás pa demostrarme que tu daga no me entra, pero tampoco no te voy a dar oportunidad de nada.  Mi nieta me dijo que hoy yo no me muero, y un día dijo que tú, morirías el mismo día que ella se fuera con Dios
El Gavial no supo porque sintió miedo, para darse valor se dijo a si mismo que el viejo se inventaba todo para amedrentarlo, y lo estaba logrando, pero, ¿que tal si era cierto?, para ya no pensar más en eso,  se enredo fuertemente  la tela en su dedo índice, haciéndose un pequeño nudo. Volteo a ver al viejo, estaba muy relajado, el cuerpo flojo, aun no estaba preparado para el pleito, así que con toda la alevosía y ventaja, dio un salto hacia atrás al momento que jalaba fuertemente la tela y por ende a su rival.
Se escucho un grito generalizado. Por el impulso el viejo siguió la trayectoria que el Gavilán esperaba, paso de largo sin intentar siquiera usar la daga, se detuvo quedando de espaldas al rival. Sintió el golpe de una patada en su mano, e inevitablemente soltó la daga que fue a parar varios metros más allá de donde él estaba, luego sintió un golpecito en su espalda.
La estratagema del cobarde dio resultado, el viejo fue sorprendido, con la alevosa patada lo desarmó y luego, teniéndolo a su merced, descargo aquel golpe con su daga justo a la altura de un riñón. La filuda punta del arma toco la camisa del viejo, luego se escucho un golpe como que pegaba en metal, se resbaló hacia arriba un poco y luego boto hacia atrás, no entro en el cuerpo del viejo. Luego volvió a picar, pero de igual manera, la daga no entró.
Los presentes miraron la cobardía del Gavilán, Los habitantes del Remolino gritaron angustiados, los compinches del miserable gritaron emocionados. Para todos ellos el pleito estaba terminado. Pero fue grande la sorpresa al mirar que la daga rebotaba sin entrar en el cuerpo del viejo.  Incluso el Gavilán la contemplo y vio que la punta estaba un poco doblada.
Todo quedo en silencio. No había explicación.  El Gavilán sintió un extraño escalofrió y miro al viejo con miedo, su cerebro le dijo algo inconcebible. El viejo es de piedra, la niña Zaurina lo hizo de piedra,  nunca lo vas a poder matar.
Sin dejar de sonreír el viejo lentamente se dio vuelta y volvieron a quedar de frente, ahora sí, con el paliacate bien jalado y él preparado.
__ A chingao, eres ventajista, pero que te ganas, ya te lo dije, nada me mata este día.
__ ¡Jálelo pa!,  ¡onta la daga tío! ¡Suéltese, corra!, ¡Pa la daga, jálelo!
__ ¡No dejes que agarre la daga Gavilán! ¡Mátelo jefe! ¡Ya, ya!
Los gritos se oían de uno y otro bando.
__ No, si pa que quero su chingadera de daguilla, si ya de por si yo traía con quelites las verdolagas. Y a luego pa que quería mi cazanga.
Al decir eso, con la mano libre el viejo busco en su espalda, la rozadera cazanga con la que previamente se había armado para ir a luchar contra aquellos asesinos. El Gavilán abrió desmesuradamente los ojos, era enorme aquella herramienta, que en ese momento se convertía en un  arma de combate. El doble de grande que su daga, ahora quien estaba en desventaja era él.  Sin  querer Don José María la contempló y comentó.
__ Ira nomás, no sea que no la traiga fajada en la espalda si me chingas, mira nomás que rayón le hiciste con tu alfiler. Pero mi niña Crucita me la puso en donde debía de ir, y ella me protege así que a ver, dame otro tironcito.
EL Gavilán respiro aliviado. El viejo no era de piedra. Fue una coincidencia que ahí trajera fajada aquella rozadera en la que chocó su daga. No era de piedra, fácil lo iba a matar.  Que importaba que su nueva arma fuera más larga, de cualquier manera  el Gavilán  seguía siendo más joven, más ágil, más fuerte,  volvería a jalarlo y entonces sí, ya no tendría nada que lo protegiera en la espalda. Que mas daba que se hubiera  salvado una vez, pensó.
Así que nuevamente tensionó la tela y con todas sus fuerzas le dio el jalón. El viejo  no pudo evitar ser jalado, pero ahora ya iba prevenido, sabía que el  otro iba a levantar el pie, así i que bajo su rozadera y cuando paso junto al rival le dio el levantón quedando justo  bajo la pantorrilla del bandido cuando este la levantaba. Por el mismo impulso  la rozadera tomo más fuerza y el filo corto fácilmente la gamuza del pantalón, luego como si fuera un queso fresco corto plenamente la carne de la pantorrilla hasta llegar al hueso,  ahí chocó, pero se fue deslizando haciendo un chirrido extraño mientras raspaba   ese tejido duro llevándose pedacitos de hueso.
El dolor que sintió el Gavilán lo hizo lanzar un alarido horrible. Miró que el viejo  quedo de espaldas  dándole la oportunidad de clavarle la daga, pero no tuvo concentración para eso, chillaba de dolor y soltó la daga para caer en una rodilla y con esa mano agarrar su herida, de la que brotaban  borbotones de sangre.
Los presentes no captaron de inmediato lo sucedido. Miraron al forajido de cuclillas y hasta que notaron el charco de sangre supieron que estaba herido.
__ ¡Levántate Gavilán!  ¡Arriba jefe! ¡Y luego pues!
__  ¡Mátelo don José María!  ¡Cuidado apa!
De cualquier manera, a pesar del dolor el asaltante reacciono recordando que estaba en un pleito. De peores heridas se había librado, así que apresuradamente busco con la vista su daga que estaba en el suelo, pero cuando quiso tomarla, miro que un pie calzado con un huarache de tres correas la pisaron firmemente evitando que la levantara, al mismo tiempo sintió la afilada punta de una rozadera  encajarse un poco  a la altura de su yugular. No se atrevió a hacer ningún movimiento, sabia que si se movía aquel filo lo rebanaría.
__ ¡Mátalo José María! ¡Dele apa! ¡Chíngalo, chíngalo!
Los chinacos no decían nada, solo aquel que llevaba el mismo apodo que nombre del arma de don José María lo miraba con admiración.
__ Así son los machos, así se mueren los machos. Muere como todo un macho amigo Gavilán.  Eres cabrón viejo, eres cabrón.
Paso un lapso de tiempo y José María no hacía nada.  Quería que la gente se callara, pero no les podía hacer señas por tener las dos manos ocupadas, una con el pañuelo agarrado y otra con la rozadera en el cuello del asesino  su nieta, así que con energía lanzo un grito.
__!Cállense con una chingada, cállense que voy a hablar!
Los gritos de apoyo cesaron de inmediato, por lo que claramente se escucho su voz. Por la manera en que tenía la rozadera en el cuello, obligadamente el Gavilán tenía su rostro mirando hacia arriba, así que se miro fijamente con el viejo que tranquilamente le dijo.
__ Te traigo mucha rabia cabresto, mucha rabia. Nos mataste lo que más queríamos en el mundo, nos dejaste huérfanos de amor y eso nos  está doliendo hasta el alma. Pero ese mismo amor te puede salvar también a ti. Si yo te mato ahora, tonces va a ser  una venganza, sería como si te matara en honor de mi Crucita y eso, sé que a ella no le va a gustar. Así que te voy a dar a escoger una de dos.
Mira, aquí te puedo tener hasta que te muevas y te cortes  tu solo, esa no iba a ser mi culpa, pa que te movías. También aquí te puedo tener hasta   que te desangres de la pata, tampoco es mi culpa. Pero te voy a dar una oportunidad.  Si te quieres salvar, suelta el paliacate… suelta el paliacate y lárgate para siempre de estas ahora benditas tierras.
Se escucharon murmullos de ambos bandos, pero nadie dijo nada. Pasaron varios segundos, el Gavilán  miro su situación, el dolor en la pantorrilla era inmenso, la rozadera en el cuello le impedía respirar bien, le estaban dando oportunidad de salvar su vida, una oportunidad única. Si se daba prisa y llegaba con el brujo, este le podía cerrar la herida de la pierna. Si se quedaba iba a morir. No quería morir, era joven, no quería morir. Pero si soltaba el paño, lo iban a considerar cobarde. Qué más daba lo que los demás pensaran.
José María apenas alcanzo a escuchar cuando murmuro.
__Me voy, me rindo, quíteme la rozadera.
__ No cabresto, primero suelta el paño.
Nuevamente murmullos, nadie podía creer aquello y menos cuando lo empezaron a ver, el Gavilán empezó a mover su mano para deshacer aquel nudo, símbolo de la valentía.
__ ¡No Gavilán, no te sueltes, no te sueltes, no seas cobarde! __su lugarteniente le gritaba indignado desde su caballo __ ¡Muere como los machos Gavilán!
Los otros chinacos también estaban indignados, no podían creer que su jefe de tantos años, el hombre admirado, el líder valiente estuviera haciendo eso. Pero el Gavilán no escuchaba nada, él quería salvar su vida. Por fin, se deshizo del nudo que lo liberaba de aquel compromiso.
Con un esfuerzo enorme se puso de pie. Miro los ojos del viejo y no encontró rencor en ellos, sino una paz tan grande que en ese momento le hubiera gustado sentir.
__ Fíjate Gavilán __ Dijo José María __ Que aquí adentro de mi cabeza oí como que mi niña me hablaba, que cosas tan curiosas, y clarito me dijo, no lo mates abuelo, no lo mates… dile al Gavilán que lo perdono, pero que Dios no, que allá lo esperan para su juicio final. De verdad, dialtiro oí eso. Ahora…  ¡lárgate no vuelvas nunca más!
El viejo se dio la vuelta para volver con los suyos.
__ ¡Un caballo, pronto, mi caballo! __ Ordenó el bandido, pero ninguno de sus compinches se movió. La Cazanga su compañero, tenía los ojos inyectados en sangre por la rabia y el asco que le producía su jefe.
__ Un caballo quieres marica, un caballo, eres un cobarde Gavilán, eres un cobarde y esto es lo que te mereces.
Sin decir más, dándole un espuelazo a su montura, salto sobre el bandido y con el pecho del caballo golpeo a su jefe. Por la sorpresa y la herida de su pierna  cayo al suelo. Desde ahí miro asustado a su subalterno, lo asustó la mirada de odio, quiso incorporarse pero le fue imposible porque las patas del caballo de jinete se lo impedían, sintió como aquellas pesuñas empezaron a mallugar su cuerpo, en las piernas, el estomago, al rodar en su espalda. No había manera de huir, de repente miró que no era solo un caballo, decenas de pesuñas lo rondaban e iban de allá a acá hiriéndolo. Su pandilla completa, asqueados también por su actitud cobarde se unieron a la Cazanga y entre todos se dieron a la tarea de destrozar al infeliz herido. El Gavilán chillaba aterrado, pero nadie le tuvo compasión. Poco a poco su cuerpo se fue convirtiendo en una maza sangilonienta a la cual, no conformes con despedazarlo, la mayoría de los chinacos sacaron su pistoleta de un tiro, y las vaciaron sobre su cuerpo ya inerte.
Una vez que dejo el Gavilán de gritar y su cuerpo fue arrastrado de allá a acá, dejando marcas de sangre por todas partes, fue cuando consideraron que el orgullo chinaco era restablecido,  entonces  la Cazanga grito con mucha fuerza.
__ ¡Chinacos, ya se murió el Gavilán! ¡Ahora yo soy el jefe!
Se escucho un grito de apoyo por parte de los bandidos, sin embargo no le duro mucho el gusto, pues apenas había gritado aquello, cuando sintió algo picando su estomago. Montado como estaba volteo hacia abajo y alcanzo a mirar los ojos azules de Fermín Horta que brillando de emoción le alcanzo a decir.
__ Pos que ya se vayan buscando otro jefe, pero lo que eres tú, ya te cargo la chingada.
Y al decir esto, Fermín Horta empujo con fuerza su lanza entrando por el estomago y le salió por la espalda despedazándole completamente un pulmón lo que hizo que empezara a lanzar borbotones de sangre por la boca dando un espectáculo dantesco.
__ ¡Al ataque mis valientes! __Grito Fermín __ ¡A matar chinacos de cagada!
Los hombres de Fermín Horta obedecieron al momento. Todos montados y tan bien armados como sus enemigos, hombres valientes del cañón de Juchipila.
El grupo de chinacos que quedaban, al verse completamente acéfalos, no supieron cómo actuar, estaban acostumbrados a recibir órdenes así que no se defendían, su mente solo les ordenaba huir, huir y eso era lo que hacían, pero la gente de Fermín y los remolinenses enojados atacaban con valentía.
Muchos fueron los muertos, ninguno del Remolino. Alguno chinacos lograron escapar y estos llevaron la noticia de la muerte de los jefes. Desde ese día la pandilla ya no logró unirse completa de nuevo. El pinto después  quiso liderarlos pero no tenía capacidad y en un intento de asaltar unos  arrieros de Fermín Horta lo mataron junto con todos los hombres que lo siguieron.
Así fue como acabo aquella leyenda del bandido que mataba mujeres, así fue como murió, en manos de un hombre viejo, pero valiente,  el Gavilán del Cañón de Juchipila.

En el cerro, la tarde de la batalla, una vez que mataron a los chinacos que pudieron,  el resto del día los hombres lo dedicaron a hacer tumbas para enterrar los cadáveres. Ya noche regresó cada quien a su casa. En la  conciencia de todos ellos no había remordimiento alguno, sentían como que habían matado bestias dañinas, perros del mal, ratas perjuicientas.
Lo único que sentían todos, era una inmensa nostalgia por la niña Crucita. Se les había pedido que no lloraran y así lo hicieron la mayoría. Pero también Crucita les había  pedido otras cosas, la más importante, hacer una fiesta año con año,  y ese pensamiento no se les apartaba, esa fiesta se iba  a hacer a costa de cualquier cosa… creían que era cosa fácil, pero no era así, en ese momento no se imaginaban lo que les esperaba…no se imaginaban lo que les esperaba.

FRANCISCO RODRÍGUEZ LÓPEZ.