El remolino historia fantastica

viernes, 18 de mayo de 2012

CAPITULO VII, LA GRAN DESCENDENCIA DE MACACO Y MAPILA


La gran descendencia de Macaco y Mapila.


Tenamaxtle con los guerreros que escogió para que huyeran con él, ya a salvo de los españoles, a las orillas de un riachuelo descansaban del largo viaje que habían hecho. La luz de la luna alumbraba sus cuerpos morenos, cansados de su carrera, pero ninguno dormía, era mucha su tristeza.
Uno de aquellos guerreros se incorporó y luego de gritar una oración mientras miraba a la luna, tomó su cuchillo de obsidiana y con el cortó profundamente la carne de su hombro izquierdo, pasando luego por el pecho y de manera diagonal hasta llegar a su abdomen.
__Madre luna, soy Yoltic, el que siempre vive, el que nunca muere. Y quiero sentir mas dolor en mi cuerpo, del que está sintiendo mi alma. Madre luna, quítame el pesar de ser eterno, o manda el consuelo para mi pena.
Todos los guerreros  lo contemplaban, ninguno hizo esfuerzo alguno por evitar que volviera a herirse, porque luego de aquella cortada, puso el cuchillo en el otro hombro y de igual manera volvió a cortar su cuerpo.
Cayó de rodillas. Hasta que llegó Tenamaxtle y luego de quitarle el cuchillo de su mano le habló tranquilamente.
__Eres un guerrero muy valiente. Entiendo tu desesperación y agradezco tu sacrificio. Nuestra madre luna ha de entenderlo.
__Hoy, hermano Tenamaxtle, al mirar al gran Tencuitlatl lanzar a su hijo al barranco, sufrí un dolor similar al que sentí cuando siendo niño, mire cuando mis padres fueron enterrados en vida, en el cerro de las Ventanas. ¿Recuerdas eso? Tú estabas presente.
__Si gran Yoltic,   como olvidar cuando los príncipes Macaco y Mapila, entraron al altar y ahí quedaron cuidando de nuestros Dioses. Eso jamás lo  olvidare.
A pesar que Yoltic sangraba profusamente, nadie se preocupaba por ayudarlo, el continuó hablando.
__ Ese día gran Tenamaxtle, fuiste señalado por mi padre, como el general de sus ejércitos, como el guía se sus tropas para enfrentar a los ambiciosos, a los que no tienen alma ni corazón.
__Recuerdo eso tan claro, al igual que la palabras de mi padre, pues él se extrañó que ese cargo no se lo diera a su único hijo.
__Mi padre era un hombre sabio. Y si a mí no me dio ese cargo, es porque antes ya me había dado otro. Me había encargado el agua de la vida, el agua que quien la toma puede vivir mil vidas. Solamente yo sé en donde está la puerta para entrar al interior del cerro de las Ventanas, solamente yo he tomado de esa agua en mucho tiempo. Por eso es que yo no puedo morir, a menos que mi cabeza sea apartada de mi cuerpo. Por eso es que yo no he muerto en las batallas, aunque reciba tantas heridas. Pero  si siento el dolor… por eso he cortado mi carne, para que mi sangre y mi dolor honren al gran Tencuitlatl y su familia.
Hasta ese momento ellos no sabían que todos los caxcanes que habían quedado en el Mixtón, habían corrido la misma suerte que Tencuitlat y su familia.
__Gran Yoltic, hijo de los príncipes. Tu dolor es mi dolor. Yo siempre fui un hombre pacífico, hasta que llegaron los ladrones, los que nos despojaron de todo, los que nos hicieron sus esclavos, los que nos inculcan sus dioses. Hasta entonces me volví guerrero y entendí las palabras de tu padre. Y por eso te escogí a venir conmigo, porque eres un guerrero valiente.
__Y mas lo seré desde hoy. He de matar a cuanto hombre blanco encuentre en mi camino, que importa que muera mis mil vidas…pero he de ver libre a mi pueblo.
__Entonces te pido que cures tus heridas con tierra y agua, que descanses, que cuando el sol salga, nos prepararemos para atacar a los hombres blancos y toda su descendencia. Ojala y todos tuviéramos tu poder.
__Ya lo he pensado gran Tenamaxtle. No somos muchos guerreros, pero si todos nosotros tomáramos del agua de las mil vidas, nos volveríamos invencibles, pues nada nos mataría.
__Es una responsabilidad grande Yoltic, sería romper tu juramento de cuidar la entrada al cerro.
__Ustedes no entrarían, yo  traería el agua a ustedes, y sé que los Dioses lo entenderían también.
__Sea pues, tú vives, tú guardas, es tu decisión.
Yoltic no lo pensó dos veces. Era el guardián de la entrada al interior del cerro de las Ventanas, en donde está la ciudad de habitantes eternos, en donde está la fuente de la eterna juventud. El resto de guerreros se emocionaron, si ninguno moría serían invencibles. Solo que en ese momento nadie imaginaba que aquel plan no se realizaría, algo iba a pasar antes de volver al cerro de las Ventanas.
Otro Día despertaron aun tristes, pero más descansados. Tenamaxtle decidió que volver directamente a Xochilpilli sería peligroso. Lo mejor sería rodear hasta el valle de Atemajac o bien a las tierras del norte de Tabasco. En el camino ir atacando cuanta población o caravana se encontraran, evitando que algún guerrero muriera,  solo serían ataques rápidos y luego huir. Así lo hicieron en Teul, Tlaltenango, luego pasaron la sierra para bajar a Xalpa. Fue ahí en donde encontraron la caravana de don Diego Rodríguez, un hombre sanguinario y sin escrúpulos, que enviado desde Valparaíso, iba a hacerse cargo de las reales minas de La Villa de Xalpa.
Entre los huizachales avanzaba el contingente. El guía del ejercito de Tenamaxtle, tendido en una loma contempló la caravana…con piedritas en una mano, contó los hombres de a pie y luego en la otra los que iban a caballo, con flores las carretas jaladas por bueyes y con cáscaras de huizache las mujeres. Se deslizó sobre su estómago para no ser descubierto y fue a darle su reporte a Tenamaxtle.
Este analizó la situación y dio sus órdenes.
__Son una vez los dedos de la mano, los que vienen en esos animales que llaman caballos y que ya sabemos que no son el mismo ser y también pueden morir. Son cuatro  veces los dedos de las  manos los hombres que caminan. Muchos de ellos hermanos aztecas. Las mujeres no me interesan cuantas sean, también van a morir si se interponen. Atacaremos cuando pasen junto a la loma. Iremos la mitad de nosotros, sobre los caballos y los mataremos, tendremos cuidado de sus varas que no se quiebran y matan. La otra mitad atacará a los que caminan, tu Yoltic, matarás a las mujeres. En cuanto termine la sorpresa huiremos, no importa a cuantos hayamos matado.
No se habló más. Todos los guerreros caminaron sigilosamente hasta ponerse tras la loma por donde pasaría el contingente. En cuanto estuvieron cerca, a el grito de guerra de Tenamaxtle ¡Tehual nehual! (ahora si, o tú o yo)…corrió sobre el contingente, que asustados no supieron que hacer. Se dirigió sobre el caballo que cargaba a aquel hombre gordo y barbón que no paraba de gritar asustado. El caballo cayó desmayado por el golpe y junto con él, el jinete que imploraba por ayuda y compasión.
__!Ayuda, ayuda, a mí, su amo, Don Diego Rodríguez!
 Tenamaxtle levantó su macana para matarlo, pero no pudo acabarlo porque otro hombre de a caballo reaccionó y se abalanzó sobre el guerrero, este eludió las estocadas que le lanzaba el jinete con su espada y golpeó con su macana las piernas de  aquel caballo, se las quebró. Al caer el jinete, le dio oportunidad de ver como sus hombres atacaban sin piedad, pero ya empezaban a reaccionar los enemigos. Era tiempo de huir, así que con un grito clave indicó que era tiempo de marcharse. Ahí habían quedado varios indios aztecas muertos, cinco blancos heridos pero ninguno de los hombres de Tenamaxtle. Batalla ganada.
Se volvieron a reunir tras la loma, para contarse. Todos estaban ahí, todos, menos Yoltic…
Preocupado Tenamaxtle volvió sobre sus pasos, si aun estaba ahí, por seguro seguiría luchando, él no moría tan fácil. Se asomó por la loma y no lo vio, los integrantes de la caravana seguían asustados, pero no preocupados por luchar contra alguien. No se miraba Yoltic. Tenamaxtle  sabía que no podía quedarse ahí y arriesgarse a que alguno de sus guerreros muriera. Era tiempo de huir,  Algo le dijo que Yoltic no estaba en peligro y junto con su tropa volvieron a la sierra.
Cuando se escuchó el grito de guerra de Tenamaxtle, Doña Luisa Quiroga  y Barcenal, esposa de Don Diego, como un acto innato saltó de la carreta y sin medir las consecuencias corrió aterrada sin fijarse por donde iba. Yoltic que tenía el encargo de matar a las mujeres, solamente se fijo en ella porque huía al igual que otros hombres blancos, pero su vestido largo y su cabellera morena, la hicieron visible. Sobre ella fue que Yoltic centró su ataque.
La mujer ciega por el miedo, no se fijó que corría directo a un pequeño barranco. Ya casi la alcanzaba Yoltic, cuando para su buena suerte llegó hasta el barranquillo y cayó en el. Se sintió sofocada al chocar en la tierra, pero eso solo mitigó su caída, porque ahí se iniciaba una ladera larga y terregosa por la que se fue rodando, rodando, rodando hasta detenerse a la orilla del río, No se pudo mover, le dolía el cuerpo y por estar sofocada no podía gritar. Su terror llegó al límite cuando una sombra humana se paró junto a ella. No podía hablar, para implorar por su vida, pero esa súplica la hicieron sus ojos, aquellos ojos negros y asustados. Aunque luego de unos segundos ya no pudo soportar más y cayó desmayada.
Yoltic había saltado sobre el barranquillo también y haciendo gala de equilibrio corrió ladera abajo hasta llegar junto a la mujer. Levantó su macana, la iba a dejar caer sobre su cabeza, cuando miró aquel rostro pletórico de belleza, aquellos ojos moros, aquella piel tan blanca. Era una diosa, blanca y hermosa como la luna. Quedo impactado…su cerebro le dictó algo al momento…que  aquella mujer tenía que ser hija de la luna, el milagro que una noche antes había pedido, su sangre derramada era gratificada. La luna le mandaba a su hija para mitigar sus dolores.
Sin soltar su macana, se agachó y con una facilidad increíble, levantó a la mujer, se la puso sobre un hombro y con ella corrió río abajo, contrario a donde había huido Tenamaxtle. Se sentía protegido, emocionado, llevaba en sus hombros a la hija de la luna. Tendría que llevarla al cerro de las Ventanas, a la ciudad sagrada, era una Diosa y merecía vivir ahí, le mostraría el agua de las mil vidas y dejaría que ella tomara de su sangre…y así, con ella cargando se fue rumbo al cerro de las Ventanas.  Lo malo fue que, por ir tan emocionado, no se dio cuenta que un hombre de los que huyeran durante el ataque de la caravana,  llamado Epifanio Roldan, lo iba siguiendo.

jueves, 10 de mayo de 2012

CAPITULO VI, LA MUERTE DE TENCUITLATL

LA MUERTE DE TENCUITLATL

Con un montón de ronchas, adolorido física y espiritualmente, y con plastas de pasta de cascaras de canelilla y cuachalalá, en todo el cuerpo para bajar la hinchazón, el virrey Antonio de Mendoza vociferaba ante sus generales.
__¡Maldita sea, maldita sea! Buena nos la han hecho estos animales. ¿Cómo nadie se dio cuenta que era una trampa? Pero esto no se queda así. Vamos a preparar un ataque fenomenal. Ya mis espías me han traído la información. Dicen que estos rebeldes se encuentran en algo llamado cerro del mixtón o algo así. Pues ahí iremos a pelear contra ellos.
__Señor, con todo respeto __Dijo uno de sus subordinados __pero atacarlos ahí sería un suicidio, es imposible, ese cerro es una meseta sin subidas ni caminos, estaríamos a su alcance.
__Pues no me importa, que al fin y al cabo los que los van a atacar serán los otros indios, nosotros estaremos a la expectativa.
Y así fue, como perros se abalanzaron sobre el cerro del Mixtón. Tenamaxtle y el resto de caxcanes ahí los estaban esperando. Se habían preparado con anticipación, con alimento y agua suficiente para todo su ejército, lo malo fue que, no solo había ahí guerreros, muchos caxcanes no quisieron dejar a su familia expuestas a que los españoles se los llevaran como esclavos y habían cargado con ellos. Entre estos estaba Tencuitlatl, sus cuatro esposas sus veinte hijos.
Desde lejos divisaron como entre los árboles secos de aquel bosque de hojas caedizas, se dirigía ese ejército que iba en contra de ellos. Se prepararon a la batalla, ahí eran inmunes, por muy fuertes que fueran los cañones, no tenían capacidad de llegar hasta lo alto del cerro, si los atacaban intentando escalar los peñones, serian presa fácil. Sin embargo Tenamaxtle no se sentía seguro. Era demasiada la gente que había en la planicie del cerro y muy poca el agua y el alimento.
No tardo mucho Mendoza en llegar a las faldas del cerro y lo analizo, un verdadero nido de gatos. De inmediato ordenó un ataque de cañones, pero fue inútil, las balas pegaban sobre las rocas.
En lo alto la gente de Tenamaxtle, parados en la orilla del precipicio gritaban burlescos y triunfales. Luego Mendoza ordenó un ataque intentando lograr un lado del cerro para escalar por ahí, pero cuando sus tropas tlaxcaltecas y tarascas intentaron subir, enormes rocas se vieron caer de lo alto y arrastraron con todo aquel que intentaba subir dejando varias decenas de indios muertos. Sin embargo no cejaba en sus intentos, por cuanto flanco quiso atacar, era repelido fácilmente y lo único que miraba es que su ejército se iba reduciendo drásticamente.
__Imposible, imposible__ Se decía para sí mismo el virrey__ Lo único que me queda es sitiarlos y esperar,,, pero esperar ¿Cuánto? Porque si empieza a llover esto se convertirá otra vez en una selva, entonces habremos perdido.
Así fueron pasando los días, Mendoza cada vez estaba más angustiado, sin imaginar que en lo alto del Mixtón se vivía la misma angustia. El agua se terminaba rápidamente, había víveres para sobrevivir algunas semanas más, pero no agua, la única manera de conseguirla, era si llovía o simplemente bajar por ella, ir a el ojo de agua y regresar, pero para eso necesitaría que lo hicieran todos sus guerreros, igual que lo hacían en el cerro de las ventanas, que en una enorme fila se pasaban los cantaros desde el rio, ahí en donde sobre salía una piedra gigantesca, en esa piedra donde paró el águila que siguieron los ancestros, desde Aztlán hasta México, ahí en donde luego se llamaría la piedra de los indios precisamente por eso,,, desde esa piedra, hasta la laguna artificial que había en lo alto de ese cerro. Para eso, hasta tenían estacas clavadas en la peña, en donde se paraban los indios para pasarse las vasijas llenas y otra hilera en donde bajaban las vacías.
Pero no, imposible, no había manera de traer agua y llegó el día que esta se terminó completamente.
De alguna manera, aquello lo adivinó Mendoza. Lo intuyó cuando luego de un ataque, no fue repelido por tantos guerreros, solo unos cuantos les lanzaron las enormes piedras. Fue suficiente, no se necesitaban más, pero no había emoción en la defensa, ni gritos y esfuerzos mayores.
__Tienen sed esos guerreros. No sé porque presiento que un día de estos se rinden o definitivamente los atacaremos si mucho esfuerzo.
En lo alto, Tenamaxtle se sentía desesperado, hasta el último nopal que había en la planicie había sido cortado y sus pencas repartidas equitativamente para absorber el agua, pero ya ni eso había.
A la orilla del precipicio, el guerrero reunió a sus generales. Con voz muy triste les dijo.
__Hermanos, este es el final. Ya no tenemos fuerzas para defendernos. Los Dioses nos han abandonado. Es tiempo de rendirnos. Luego buscaremos la manera de volver a luchar.
__¡No, eso nunca!__ Habló Tencuitlatl sin pedir la palabra __Antes muerto, además mi señor, si te rindes ahora no te perdonarán la vida, ni a mi tampoco. Lo siento, pero yo lucharé hasta el final. Además, mira, los dioses no nos han abandonado.
Al decir eso, señaló al oriente, por el lado de la sierra de Nochiztlan, se veían avanzar nubes negras de las cuales de vez en cuando se miraba salir un poderoso relámpago.
Todos los caciques se incorporaron emocionados…va a llover, fue el comentario generalizado. Un vientecillo fresco con olor de lluvia golpeo sus caras y renacieron las esperanzas, con tranquilidad se sentaron a esperar, las nubes seguían avanzando. A lo lejos se empezaron a notar las líneas desde el cielo hasta la tierra que de vez en cuando se alumbraban con potentes relámpagos. Aquello era una verdadera tormenta.
En la parte baja del cerro, Antonio de Mendoza furioso también observaba el fenómeno.
__¡Maldita sea, maldita sea!, eso no es posible, por Santo Santiago de Compostela que esto no es posible. ¿Cómo que va a llover? Pronto frailes inútiles, rezad, rezad para evitar esa agua. Si llueve nuestra lucha será inútil, volveremos a empezar y a quien se le están acabando las fuerzas es a mí. Tendríamos que retirarnos y esperar que bajen esas bestias por si solas….rezad inútiles, rezad.
Estaba hundido en la mayor de sus desesperaciones, cuando un brujo tarasco se acercó junto con el intérprete y le dijo.
__Mi señor, ¿no quieres que llueva? Yo puedo hacer  que la lluvia se aleje, o que deje de llover.
Mendoza lo miró incrédulo, incluso molesto le respondió.
__No seas bestia, eso solo lo puede hacer Dios nuestro señor.
__Exacto, es una petición al Dios tlaloc, y yo lo sé hacer con un sacrificio mi señor.
Había tanta convicción en las palabras de aquel hombre, que Mendoza se le quedó mirando con duda. Un fraile observó aquello y al momento replicó.
__No virrey Mendoza. Eso que acaba usted de hacer es dudar de su fe. Ni pensarlo siquiera, eso sería un sacrilegio.
__Pero ¿Y si funciona? Estos malditos nos han sorprendido con cada cosa. Nada se perdería con intentarlo.
__¡No! Eso sería ir en contra de nuestra santa iglesia. Si se entera la santa inquisición sería el acabose para todos nosotros.
__Bueno, pues algo se tiene que hacer, la lluvia se acerca y sus rezos no la paran. Vamos a ver  tú… has lo que creas necesario y para esta lluvia, pero si no es así, solo recibirás el filo de mi daga en tu cuello.
El fraile muy asustado se alejo del virrey y se puso a rezar a grito abierto pidiendo perdón por aquel pecado, Nada había sucedido, pero el simple hecho de permitir un ritual, era algo demoniaco.
El brujo escogió veinte guerreros tarascos y les indicó que bailarían la danza de la víbora que quiere que se aleje la lluvia. Los guerreros la conocían y al momento se prepararon. Un tambor empezó a sonar rítmicamente. En un lugar plano se formaron los guerreros uno tras otro siguiendo al que iba en frente que se movía en sig-sag, haciendo el movimiento  de una víbora. Todos ellos sabían que aquello era un sacrificio, que mas al menos uno iba a morir. Luego apareció el brujo que mientras gritaba palabras en su dialecto, corría eludiendo el animal humano. Llevaba un cuchillo de pedernal en la mano. El guía de la víbora llevaba dos cuchillos y con ellos intentaba matar al brujo, pero este era muy ágil y eludía las estocadas, pero al mismo tiempo también tiraba golpes con su cuchillo. La ventaja que llevaba él, es que era solo y se movía a placer, mientras los otros tenían que seguir en camino curvó. Eso aprovechó el brujo para a mitad de la serpiente, tirar una estocada que entró profundamente en el cuello de uno de los guerreros dividiendo la víbora en dos. Eso los distrajo un poco y por ese motivo corrió a la cabeza y de igual manera enterró la filosa piedra en la garganta del guía. Con aquello la víbora quedó completamente derrotada. Los guerreros heridos cayeron desangrándose. Antes de morir, el brujo se acercó al que fuera el guía, y con gran fuerza encajó el pedernal en el pechó del herido y apartó las costillas. Luego metió la mano y sin piedad apretó el aun palpitante corazón y con fuerza lo arrancó del cuerpo. Curiosamente en ese momento, la lluvia que ya estaba a escasos cien metros del cerro, se detuvo.
Mendoza estaba  horrorizado, pero al mismo tiempo emocionado. Ya había empezado a sentir algunas gotas, pero pararon cuando salió el corazón del pecho.
El brujo se dirigió a él y le dijo.
__Ahora mi señor, para que el hechizo sea completo, tienes que comer de este corazón.
__¡Estas loco! ¿Cómo se te ocurre semejante estupidez?
__Si mi señor, o de otra manera la nubes empezarán a avanzar pronto.
En lo alto del Mixtón, los moradores estaban desconcertados. No entendían porque no llegaba la lluvia, estaba a tiro de flecha.
Un brujo se acercó a Tenamaxtle y le explicó.
__Han danzado para que la lluvia se detenga o se valla. Conozco el sonido del tambor.
__Que podemos hacer venerable anciano.
__Sacrificarme a mí, mi señor. Hacer la misma danza, pero en donde muera el brujo, entonces la lluvia llegara como debiera.
__También me pueden sacrificar a mi __Se escuchó decir a otro brujo.
__ Y a mí, dijo un tercero__ Así la lluvia será abundante.
Tencuitlatl se levantó y dijo.
__Me  ofrezco para ser la cabeza de nuestro Dios Víbora. Si uno de ustedes venerables ancianos, cortan mi cuello, al menos mi sangre no será derramada en vano.
Pronto eligieron de entre los veinte guerreros que se veían más completos y formaron la fila. Tencuitlatl se empezó a mover en sig-sag y los otros a seguirlo. El tambor sonó rítmicamente.
Los tres brujos se pusieron al frente. Eran ancianos y no tenían tanta agilidad, máxime que sus cuerpos estaban deshidratados, sin embargo dieron la pelea, entre mas lucharan he intentaran matar la víbora, mayor sería la magia.
Tencuitlatl era un gran guía, eludía de buena manera las estocadas de los brujos. Uno de ellos tiró el golpe y se quiso alejar, pero por ser tres al intentarlo chocó contra unos de sus compañeros y rebotó hasta quedar frente a Tencuitlatl. Lo miró de frente, sonrió y luego abrió los brazos para dejar que el arma del cacique penetrara sus carnes. Luego de eso, todos los guerreros participantes se arrojaron sobre los otros dos brujos y corrieron la misma suerte. Al instante abrieron sus venas y directamente de ellas bebieron su sangre, la cual los hizo sentirse inmediatamente muy fuertes. Luego, abrieron sus pechos y arrancando sus corazones, humildemente se los ofrecieron a Tenamaxtle. Este tomó uno de ellos, lo mordió y tragó la carne, luego hizo los mismo con los otros dos, luego los pasó a sus guerreros  y al instante los despadazaron a mordiscos. En ese momento sintieron como la lluvia mojaba sus cabezas con la intensidad de un huracán.
En lo bajo Mendoza empezó a maldecir al sentir como la lluvia inundaba todo alrededor.
__¡Maldita sea! ¡esto es una farsa! ¡Brujo maldito, que gran mentira la tuya!
El brujo lo miró sonriente y le respondió
__No mi señor, nada ha fallado. Ellos también han hecho el hechizo, y a ellos les ha funcionado porque el líder de ellos si ha comido el corazón. Mi magia es más fuerte que la de ellos mi señor. Aun se puede parar la lluvia. Come del corazón mi señor, come del corazón.
Mendoza desesperado tomó aquel órgano. Aun se sentía caliente.
__¡No! __Gritaron los frailes al unísono __Eso sería condenar tu alma, esto es cosa del demonio, no haga eso señor virrey.
__Hágalo, o va a seguir lloviendo
Mendoza ya no lo dudó, subió el corazón a la altura de su boca y le dio un mordisco tan potente que arrancó de cuajo el pedazo, solo lo medio masticó y luego lo tragó. Al instante dejó de llover. Emocionado dio otra mordida y luego otra y otra hasta que quedó solo un pedazo de carne entre sus manos. Emocionado miró como las nubes se fueron alejando en la misma dirección donde habían venido, luego a lo lejos empezó de nuevo a llover, donde el estaba de nuevo golpearon los rayos del sol y pronto es cielo se vio adornado con un hermoso arco iris.
__¡Por la virgen de la Macarena, que esto es maravilloso!__ Exclamó emocionado al contemplar aquel fenómeno natural. Esto es obra de Dios.
__Si mi señor__ Le contestó el brujo burlesco __Esto es obra de Dios, pero del mío, porque mi Dios es más poderoso que el tuyo.
Mendoza sintió un escalofrío y hasta entonces miró a los frailes que lo veían horrorizados y llorando ante el sacrilegio.
__Bueno, que más da, lo importante es que paró la lluvia, ¿O no?...y ustedes frailes mentecatos, aprendan. Quiero que involucren las danzas de estos hombres y se hagan en provecho nuestro.
__Eso es blasfemia señor Virrey, nunca danzaremos a sus Dioses.
__Pues que no dancen a sus Dioses, que dancen a los nuestros.
__Sacrilegio.
__Es una orden, de aquí en adelante danzarán en cada una de nuestras celebraciones, así gozaremos de su magia y ellos serán evangelizados…
En lo alto, la euforia se volvía a convertir en tristeza. Todos estaban mojados y de alguna manera medio había mitigado su sed, pero aquel minuto de lluvia solo había servido para revivir una esperanza que en ese instante volvía a morir. La lluvia se alejaba y lo único que les había dejado eran los tres cadáveres de sus mejores brujos.
Tenamaxtle reunió a todo el pueblo y ahí les habló.
__Ahora sí, la decisión está hecha. No queda otra más que rendirnos. Una vez abajo, buscaremos la manera de seguir luchando.
Tencuitlatl pidió la palabra. Se la cedieron y al momento llamó a sus cuatro esposas y a sus veinte hijos. Los sentó junto con él a la orilla del precipicio, luego le habló al pueblo.
__Mi señor Tenamaxtle, mi guía, mi general. Tú que fuiste elegido por los príncipes Macaco y Mapila para que el pueblo caxcán  sea libre por todos los siglos. Tú no puedes entregarte ni entregarnos. Pruebas ya has tenido que son cobardes y su lengua es de cenzontle. No puedes confiar en ellos. Así que yo tengo la solución.
Hoy nos ha llovido un poco y esa agua nos dio fuerzas, además yo he bebido la sangre de los ancianos y tengo más fuerza que nadie. Yo no me voy a entregar, ni mi familia tampoco, porque antes de eso, prefiero volar. Yo quiero que tú, mi señor Tenamaxtle, huyas de este cerro y sigas la lucha hasta que mueras en una batalla, no siendo esclavo de estos malditos.
__No hay manera de huir Tencuitlatl, estamos rodeados.
__Mi señor, yo hare algo, por el cual van a dejar descubierto la mayor parte del cerro, por algún lugar de esos podrás huir, con los más valientes guerreros, haré un sacrificio y si los brujos lo piden, la lluvia ha de volver, pero no para salvarnos a nosotros, sino para darle agua a ustedes mientras huyen.
__No se que vas a hacer Tencuitlatl, pero confío en ti, las pruebas me has dado, y juro que luchare hasta la muerte y tu sacrificio no ha de ser en vano.
__Escoge tus guerreros valiente Tenamaxtle, mientras lo haces, yo he de hablar al pueblo y luego hacer mi sacrificio.
Tenamaxtle fue pasando entre la gente y conforme encontraba un guerrero, le tocaba la frente, este se incorporaba y luego lo seguía. Se escuchó la potente voz de Tencuitlatl decir.
__Hermanos caxcanes…Yo Tencuitlatl, cacique de la gran Xochipilli, hijo del viento, corredor de venados. No me rendiré jamás ante esos hombres. Yo soy libre como el aguililla, como las hojas que vuelan sin rumbo, a mi nada me detiene. Yo he de morir libre.
Ellos son mis hijos y mis hijas. Ellos son libres como yo y jamás permitiré que sean esclavos.  Antes que eso pase prefiero entregarlos a los Dioses.
Luego, con mucho amor se acercó a una de sus esposas, en cuyo pecho estaba un niño pegado al pecho de su madre intentando sacar un poco de leche, aunque la realidad es que esporádicamente sacaba un poco de sangre. Con tranquilidad de preguntó.
__Mujer, ¿Tú que has sido libre de correr los caminos de esta tierra, quieres que tu hijo sea un esclavo?
__No mi señor.
__Entonces dámelo y luego ve tras él.
Con el niño en brazos, Tencuitlatl se acercó al precipicio y empezó a gritar.
__¡Mendozhzhza! ¡Mendozhzhza!
En la planicie el virrey escuchó aquel grito e inconscientemente caminó a un claro desde donde pudo ser visto por Tencuitlatl.
__¡Mendozhzhza!  Tu quieres mi carne para despedazarla trabajando, eres ambicioso y es mentira que tu Dios sea bueno. Sin embargo has ganado. Quieres mi carne, pues mi carne te doy. Tómala, te daré mi carne, pero jamás mi sudor.
Al decir esto, levantó en la alto al niño, y sin pensarlo dos veces lo arrojó lo más lejos que pudo. Los españoles  se quedaron perplejos. Mendoza ordenó de inmediato que le llevaran aquel bulto, no podía ser lo que el estaba pensando. Un español regresó horrorizado.
__Es un niño mi señor. No pude tocarlo.
__Ya estaba muerto, no se preocupen.
Pero de lo alto se volvió a escuchar el grito
__Ahora será su madre quien te ofrezco maldito…tendrás su carne, pero jamás su sudor.
Mendoza miró como ahora era una mujer quien estaba a la orilla del precipicio, y estaba de pie, estaba viva.
__¡Va a saltar, va a saltar!
__¡No, díganle que no!
__¡Frailes, frailes! ¡Eviten que esa mujer salte!
Pero fue inútil, aquella mujer sin necesidad de que la empujaran se dejó caer al precipicio.
__¡Que locura, ha sido porque este maldito le arrojó a su niño!
Tenamaxtle se detuvo al mirar que la mujer saltó al precipicio. En ese instante lo comprendió todo. Pronto todos los indios tarascos  que rodeaban el cerro correrían a mirar aquel macabro espectáculo. Aquel hombre valiente, orgullo de los caxcanes, no pudo evitar que las lágrimas rodaran por sus mejillas. Entendió perfectamente el sacrificio de su compañero. Solo les  dijo a los demás.
__El es el verdadero héroe, vamos, pronto nos dejará el camino libre.
Mendoza creyendo que era todo se relajó un poco, sin embargo sintió un escalofrío al mirar que un grupo de niños se iba parando a la orilla del abismo. Nuevamente escuchó la voz de Tencuitlatl, que con rabia le gritaba.
__Cobarde, quieres nuestra carne, pues tendrás nuestra carne, pero jamás nuestro sudor.
Y uno a uno, el resto de sus hijos, Tencuitlatl los fue levantando en peso, y luego, sin que ellos opusieran resistencia, los arrojó al barranco. Sus cuerpos golpeaban entre las peñas despedazándose, de tal manera que cuando detenían su  caída, ya iban sin vida. Luego de aquello, sus tres esposas no necesitaron que él se los ordenara, siguieron el mismo camino que habían seguido sus hijos.
Cuando se vio sin su familia, volteó a ver al resto de pueblo caxcán, que solo lo contemplaban y les dijo.
__Yo, Tencuitlatl, ya no tengo familia, no tengo por quien vivir. Ustedes son libres de hacer lo que quieran…si quieren ríndanse y sean esclavos, pero si tienen honor, entreguen su carne, pero jamás su sudor.
Luego se alejó unos veinte pasos del precipicio, y tomando vuelo, corrió con todas sus fuerzas para llegar a la orilla del abismo y saltar lo más que pudo. Sintió el viento golpear su rostro, olía a lluvia. Miró que a lo lejos el arco iris se había desaparecido y que la lluvia regresaba. Sonrió, si la lluvia llegaba, su señor Tenamaxtle y sus guerreros tendrían agua para recobrar fuerzas. En eso su cuerpo chocó contra la primer roca y partió su columna.
No sintió golpe alguno. De repente se miró dentro del cuerpo de una aguililla. Estaba volando. Su alma volaba. A lo lejos, muy lejos distinguió la silueta inconfundible del cerro de las ventanas. Se sintió eufórico. Era libre. Había ganado…el viento guió sus alas y su alma voló, voló, voló hasta llegar a ese bendito cerro que fuera su hogar, en donde vivirá eternamente acompañando a los príncipes Macaco y Mapila, cuidando el tesoro, del cerro de las Ventanas.

Mendoza estaba muy impresionado. Bueno, ya había pasado todo, un loco desesperado que había arrojado a su familia por el precipicio. La voz se había corrido de aquel suicidio, y la mayoría de indios que rodeaban el cerro habían corrido para ser testigos. Mendoza con rabia les iba a ordenar que regresaran a sus puestos, cuando un grito lo volvió a sacar de quicio. En lo alto estaba un brujo, con toda su familia parada a la orilla del abismo.
__¡Hombre blanco y ambicioso! ¡Te daré la carne de mi familia, pero jamás nuestro sudor!__ Y al momento empezaron a saltar.
__¡No, otro loco! ¡Evítenlo! ¡Suban! ¡No dejen que salten!
Al principio fue de uno en uno, luego sin orden, saltó aquella familia completa. Los soldados quisieron subir, pero una lluvia de cuerpos humanos se lo impedía, porque luego de aquella familia, siguió otra, y  otra y otra….miles de caxcanes prefirieron perder la vida, entregar su carne, pero jamás ser esclavos…aquella tarde los caxcanes escribieron en la historia el mayor ejemplo de lo que es el orgullo….qué lástima que tan pronto fuera olvidada y en la actualidad vivamos de rodillas.
Mendoza lloraba asustado ante aquella desgracia. Su conciencia le gritaba que era un asesino. Y así llorando lo encontró aquella lluvia torrencial, que venía a lavar la sangre de aquellos inocentes, arrepentido el cielo también por haberse alejado. Pero a veces el cielo no tiene voluntad cuando es un mandamiento de los Dioses. Pero maldito aquel que los invocó en contra de su propia raza. Tal vez por eso el cielo se abrió y de el descendió un relámpago, que curiosamente solo vino a despedazar el cuerpo de aquel brujo que hiciera el ritual de la lluvia.
El agua de la lluvia hizo arroyitos, los cuales bajaban pintados de rojo. A cualquier parte que se moviera Mendoza, aquella agua roja lo seguía. Pidió de inmediato su caballo y a todo galope se alejó con rumbo al convento de Xochilpilla. La conciencia no lo dejaría dormir por el resto de su vida. Ni aun siquiera cuando fue Virrey del Perú.
Con mucha facilidad Tenamaxtle y los guerreros que escogió pudieron huir. Pronto fueron alcanzados por la lluvia y dejaron de masticar pencas de nopal. Nadie hablaba, nada había que decirse, todos comprendieron perfectamente el sacrificio de Tencuitlatl e internamente se comprometieron a luchar hasta la muerte en honor a aquel verdadero héroe de los caxcanes, el héroe ignorado por la historia, el grande, el único, el magnífico Tencuitlatl, cacique de la gran Xochilpilli, guardián eterno, del cerro de las Ventanas.

FRANCISCO RODRÍGUEZ LÓPEZ.

miércoles, 2 de mayo de 2012

CAPÍTULO V, APRESAN A TENAMAXTLE

__¡Se los dije, se los dije! Atacar a los caxcanes en tiempo de lluvia era un suicidio, pero no me hicieron caso…vaya estupidez!.
El virrey Antonio de Mendoza sumamente molesto  gritaba ante los emisarios que le llevaban la noticia de la muerte de Alvarado y la derrota que habían sufrido ante los caxcanes.
__No puedo confiar en nadie más, yo mismo tengo que ir a redimir a esas bestias. Pronto, que vengan los emisarios, vayan por todo el territorio conquistado de la Nueva España  y así sea a punta de espada, tráiganme a todos los indios que se encuentren. Prométanles  lo que quieran, total, al final nada les cumpliremos.
Fue así como aquel hombre que instalara la primer imprenta y universidad en México, formó un ejército  gigante, formado en su mayoría por tlaxcaltecas, tarascos e incluso aztecas, para ir a conquistar a los caxcanes.
En el cerro de las Ventanas , una vez más Tenamaxtle reunió a los caciques de los diferentes pueblos caxcanes  .
__Hermanos todos, hoy, cuando el sol apareció tras la montaña,  me han llegado las noticias, un ejército muy grande  viene a nuestros cerros para luchar contra nosotros y dominarnos. Me han dicho que el mismo rey de los hombres blancos viene al frente. Dicen que traen muchos troncos de esos que truenan y lanzan fuego. Yo Tenamaxtle los he reunido aquí, en este cerro donde viven nuestros príncipes Macaco y Mapila para que ellos nos guíen y nos aconsejen sobre cómo debemos de luchar contra estos invasores. 
Sepan hermanos que esta lucha será a muerte  o en su defecto, nos podemos rendir y vivir para siempre arrodillados ante estos ambiciosos.
Los gritos de negación se escucharon al instante. Tencuitlatl pidió la palabra.
__¡Yo Tencuitlatl, cacique de la gran Xochilpilli, soy hijo de el viento, soy heredero de este cerro y guardián de su valle. Yo he visto como hombres fuertes como yo, caen desfallecidos en lo que ellos llaman zurcos, trabajando desde antes que la luz aparezca y hasta que el sol se despide de nosotros. Yo Tencuitlatl, padre de veinte hijos que quiere que ellos sean igual de libres que yo, voy a luchar con todo mi odio contra esos hombres, pues jamás, ni yo, ni alguno de mis hijos será esclavo de esos alacranes.  Antes, prefiero matarlos yo mismo. Soy el viento, y el viento jamás podrá ser prisionero!
Ahora hubo gritos de aprobación, Tencuitlatl siguió hablando.
__Una cosa quiero pedir al gran Tenamaxtle. Que ya no nos reunamos en este bendito cerro. Aquí está enterrado nuestro tesoro y aquí está la fuente de el agua de los que quieren vivir mil vidas, si esos hombres se enteran de eso, son capaces de descuartizarnos uno a uno por arrancarnos nuestro secreto. Yo sugiero que nuestro cuartel sea en el cerro del Mixtón, ahí es mas fácil defendernos, ahí ni pumas ni jaguares pueden subir…y cualquier reyecillo como ese que viene, lo tumbo de una pedrada en la cola…
Risas, y nuevamente la aprobación general, así que ese mismo día miles de caxcanes se trasladaron al cerro del Mixtón para hacer ahí su guarida.
Antonio de Mendoza llegó con su ejército mixto de indios y españoles. Escogió la época de secas, cuando los cerros están secos, cuando no hay madrigueras ni arbustos en donde pudieran hacer emboscadas los caxcanes.
Las luchas fueron cruentas, unos luchando por su libertad, los otros por su extrema ambición poniendo como pretexto que iban en plan de evangelización. Un séquito de frailes acompañaban aquel ejercito, con sus cruces en alto y hablando que se rindieran en nombre de Cristo. Algunos soldados españoles tomaban su espada y la volteaban con el mango hacia arriba y también se formaba una cruz…no había diferencia, la cruz, la espada…la espada, la cruz.
Los caxcanes empezaron a perder las batallas, las armas y el número de soldados era muy superior.
Una tarde, después de una batalla. Desde el cerro de Apozol Tenamaxtle contemplaba en la llanura las decenas de cuerpos caxcanes tirados sin vida. Se sentía deprimido. En eso miraron que un fraile iba hacia ellos, lo acompañaba un intérprete. Tenamaxtle ordenó que no se le atacara. Aquel hombre llegó y habló.
__Ya no derramemos más sangre. Ya que se termine esta guerra. El virrey Antonio de Mendoza es un hombre justo y le perdona la vida a todos ustedes si dejan las armas. Pide que Francisco Tenamaxtle vaya a hablar con él y tomen los acuerdos necesarios para que esto termine en paz.
Tenamaxtle se adelanto y volviéndose a su gente así les dijo.
__Lo que dice este hombre es verdad hermanos. Si ellos quieren hablar podemos hacerlo, voy a ir a hablar con su rey y pondré la condición que se vayan y no regresen, le hablaré como Tencuitlatl lo ha dicho, todos tenemos derecho a ser libres como el viento.
El  mismo Tencuitlatl le respondió.
__No vayas Tenamaxtle, ellos tienen lengua de cenzontle, muchos canticos diferentes. Son mentirosos. Si vas te van a matar y entonces si habremos perdido la guerra. Eres nuestro líder.
__Tencuitlatl. Te quedas a cargo de la gente mientras regreso. Volveré pronto. Si para cuando la luna salga no he regresado, es porque algo me ha pasado, entonces tu tomaras todas las decisiones que creas convenientes. Pero confiemos en que ese hombre me entienda y yo regrese pronto.
Sin decir más palabras Tenamaxtle le indicó al fraile que lo seguiría.
Antonio de Mendoza lanzo un grito de júbilo cuando tuvo frente a él al líder caxcán.
__¡Por fin, por fin…aprésenlo, amárrenlo de un mezquite y no le den ni agua! Pronto vamos a saber en donde ocultan sus tesoros, porque estoy seguro que los tienen, veremos si este es igual que aquel a quien Cortez le quemó los pies.
Tencuitlatl se sentía desesperado. Amaneció y no apareció su general. Supo de inmediato que algo había pasado. De inmediato tomó una decisión. Dividir el ejercito caxcán en pequeños grupos y atacar en diferentes puntos, luego de un ataque fiero, huir para volver a atacar cuando menos lo esperaran. Así empezó una guerra de guerrillas que desesperó y enojó al virrey, sobre todo cuando  por enésima vez volvieron a quemar la iglesia de Moyahuac.
Una vez más, el fraile que parlamentara con Tenamaxtle, fue a buscar a Tencuitlatl para proponerle el mismo trato que se le hiciera a su jefe.
Tencuitlatl lo escuchó y luego le respondió
__No te creo, hombre mentiroso, así engañaste a Tenamaxtle, así te lo llevaste para que lo mataran. No voy a ir a ver a tu rey.
__Pero quién te ha dicho que Francisco Tenamaxtle está muerto, nada de eso, el esta en pláticas con el virrey.
__Mientes…ya lo han matado, por eso yo no voy a ir, y luchare contra ti y todos los tuyos.
__No, de verdad, él está vivo.
__¡Muéstramelo!
__Esta en el convento de Xochipilla…
__Muéstramelo y entonces te voy a creer. Llévalo al cerro de las Ventanas y si es así, si el vive, entonces nos rendiremos todos los caxcanes, y Tenamaxtle vive, le daremos a tu rey muchos regalos, flores y piedras preciosas, flechas y collares, y de esas piedras amarillas que tanto les gustan a ustedes, tenemos muchas escondidas.
__¿Oro?
__Si, de eso que ustedes llaman oro.
El cacique de Teul preguntó curioso.
__¿Oro? ¿De dónde? No tenemos, es caca de dioses.
__Tú no digas nada, si ellos pueden ser mentirosos, Tencuitlat también puede ser, es la única manera de saber si nuestro general sigue vivo.
El fraile emocionado regresó con el virrey y le dijo las condiciones de Tencuitlatl.
__¡Lo sabia!__ Gritó emocionado el virrey. __Vamos, pronto, saquen al indio y vamos al cerro de las Ventanas.
Desde lo alto Tencuitlatl divisó al séquito, ¡si!, al frente de aquel grupo de españoles iba aquel hombre musculoso y moreno. Agudizo sus ojos, era Tenamaxtle, no cabía duda, pero se notaba enflaquecido y en su rostro se notaban moretones de golpes.
El solamente se había hecho acompañar de diez guerreros y veinte doncellas que lo esperaban al pie del cerro. Él bajó lo más rápido que pudo para reunirse con ellos, ya tenían todo preparado, las veinte doncellas llevaban ramilletes de hojas de cebolleta, los diez guerreros bultos tapados, lo que hizo pensar a Mendoza que eran sus regalos de oro, jamás se imaginó que aquellos bultos eran una sorpresa que Tencuitlatl le tenía preparada..
Cuando llegaron los españoles ante ellos, Tencuitlatl y su gente se inclinaron ante aquel hombre.
__¡No! __ les gritó Tenamaxtle, __No se pueden rendir, quedamos que lucharían hasta la muerte.
Humildemente le respondió Tencuitlatl. Lo cual le fue traducido inmediatamente al virrey.
__Lo siento mi señor, no podemos más. Este hombre blanco es muy poderoso y no podemos con él, lo mejor será rendirnos y ser sus esclavos para siempre.
__No Tencuitlatl, si haces eso estamos perdidos.
__Perdón señor, por rendirnos y por haber traído nuestro oro para dárselo a este rey.
__¿Oro?
__ ¡Si, el oro, el oro!__ gritaba emocionado Mendoza mientras descendía de su caballo para ir a destapar aquellos bultos. Cuando hubo estado cerca de ellos, Tencuitlatl dio la orden mientras se incorporaba inmediatamente. Destaparon los bultos y aparecieron sus clásicos huarichos, si ya le había funcionado con Alvarado, por qué no con Mendoza. Con furia fueron pateados los panales y miles de abejillas enojadas salieron para defender su miel. Las mujeres siguieron golpeando con las ramas de cebolleta los huarichos, sin importarles ser picadas por los insectos.
__Joder! ¡Auxilio! ¡A mí, soldados que esto me mata!
Aquello fue una confusión general. Tencuitlatl no desaprovecho la oportunidad y corrió a salvar a Tenamaxtle. Ningún soldado le puso atención por escudarse de las abejillas. En un santiamén todos los indios tomaron carrera hacia la ladera. La confusión pronto fue controlada y los empezaron a perseguir, pero aquellos indios conocedores del terreno, pronto llegaron a la cueva que varios siglos despues seria llamada como la cueva del Chivo y ahí entraron. Era muy oscura, pero ya tenían preparados algunos ocotes, y alumbrándose con ellos, empezaron a descender por aquella inclinada escalinata. Miles de escalones bajaron en la semipenumbra, hasta llegar a un pasillo plano. Había mucha humedad, estaban pasando por abajo del rio. Luego empezaron de nuevo los escalones, ahora en acenso, y asi, hasta salir en una cueva, al otro lado del rio. Ahí descansaron un poco, nadie los perseguía.
Tenamaxtle estaba muy débil, tantos días con muy poco alimento. Pero estaba feliz, estaba libre.
__Perdóname Tencuitlatl por haber dudado de ti. Eres un hombre valiente e inteligente. Ahora sé que fue un error confiar en los hombres blancos, no lo volveré a hacer.
__Nada agradezcas,. Solo cumplí con mi deber. Soy libre como el viento y así deben ser todos los caxcanes. Y vámonos al Mixtón, para que mi mujer me cure con saliva y tierra que me picaron como mil abejas.
Y asi, riendo como chiquillos, las veinte doncellas, los diez guerreros, Tenamaxtle y Tencuitlatl, tomaron rumbo al Mixtón. Habían ganado aquella batalla. En ese momento no se imagianban, que venía lo peor.
 FRANCISCO RODRÍGUEZ LÓPEZ