domingo, 20 de mayo de 2012

CAPITULO VIII, DESCENDENCIA DE MACACO Y MAPILA (parte II).


DESCENDENCIA DE MACACO Y MAPILA (parte II)


Yoltic, con su preciosa carga sobre el hombro, siguió  río abajo, caminando dentro del agua. Pronto se alejó del lugar de los hechos. Epifanio Roldán los fue siguiendo a cierta distancia. Pensaba en rescatar a la señora y quedar bien con don  Diego, pero aquel hombre era un cobarde. Había llegado de España dos años antes, y se sentía frustrado porque no podía hacer fortuna como otros que eran más atrevidos. Estaba en la tierra de la bonanza y lo máximo que había logrado, era ser el hombre de confianza de Don Diego Rodríguez, pero no dejaba de ser un criado al que solo le daba migajas de lo mucho que el hombre le robaba  y explotaba a los naturales. Por eso iba tras Yoltic, con la esperanza de rescatar a la esposa del patrón y tal vez este intercediera por él para que el encomendero le diera una buena hacienda. Pero el simple hecho de pensar en enfrentar al indio, lo ponía a temblar.
Un rato después de ir caminando, Doña Luisa volvió de su desmayo. Se sintió incomoda sobre el hombro de Yoltic, y se movió bruscamente por lo que cayó al agua. Desde abajo contempló al mismo hombre moreno que estuvo a punto de matarla. Yoltic también se le quedó viendo, pero de una manera que hizo que la mujer le tuviera confianza, al momento supo que aquel hombre no le iba a hacer daño.
__ ¿Quién eres, qué quieres, en dónde está mi esposo?
La mujer le hizo una serie de preguntas que Yoltic, por no entender el idioma no las comprendió, él le dijo en náhuatl.
__Hija de la luna, la más hermosa de las mujeres, Yo soy Yoltic, el que nunca muere, te llevo al lugar más hermoso del universo, a la capital del cielo, un lugar en donde serás la reina porque mereces vivir ahí, en donde un día habrá de volver un descendiente de Macaco y Mapila, a hablar sobre la profecía y los tesoros de mi cerro.
Ella tampoco entendió lo que él decía, pero aceptó su mano para poder incorporarse.
__ ¿Me llevarás con mi esposo?
__Sígueme, te espera tu reino.
Ella lo siguió dócilmente, no tenía otra opción, confiando que la llevaría directamente con la caravana en donde venía. Pero empezó a pasar el tiempo y Yoltic no daba esperanzas de salir de aquel río. Antes de caer la noche, pasaron por donde había un charco profundo. Yoltic a señas le hizo entender que se quedara en la orilla y no se moviera, luego el de un clavado se fue hasta lo profundo del agua, en ese momento Epifanio Roldan se encontraba algo lejos, pero corrió con la intención de avisarle a doña Luisa que él iba ahí y que no se preocupara, pero antes de llegar hasta ella, miró como el caxcán salía con dos enormes bagres agarrados de las agallas en sendas manos. Los arrojó a la orilla y luego se volvió a hundir. Espifanio lo miraba de lejos, su indecisión  creció, podía gritar, pero que tal si el indio salía y lo descubría, indudablemente lo mataría, así que prefirió seguir escondido, ya habría otra oportunidad. Desde su escondite miró como el indio salió con mas peces, luego como juntó leña e hizo una fogata,  limpió los pescados con su cuchillo de pedernal, después cortó pencas de nopal y las abrió por un lado, en cada una de ellas metió pedazos de bagre junto con oreganillo del cerro, de una bolsa de cuero que traía en la cintura, les puso un poco de sal, para después arrojarlas a las brazas.
En un momento dado doña Luisa, quiso ayudarlo, pero Yoltic, a señas le pidió que siguiera sentada en el arenal.
Una vez que estuvo el guiso, sobre una piedra plana acercó una penca a la mujer, la abrió y le ofreció a que comiera, era imposible rechazar tan delicioso manjar, además, era la primera vez que ella era tan bien atendida por un hombre. De su esposo, siempre había recibido maltratos y humillaciones y aunque la mayoría de sus sirvientes actualmente eran indios, este tenía algo especial, no era su criado, ni se comportaba como tal, este hombre tenía algo diferente.
Hasta el escondite de Epifanio llegaba el olor de los peces cada vez que abrían una penca, su hambre creció, pero se resignó  a comer solo olor, ni modo de ir a pedir.
Una vez que comieron, Yoltic a señas le indicó a la mujer que durmiera. Arrimó mucha leña para que la fogata no se apagara y sufrieran de frío y así pasaron la noche. Otro día antes que saliera el sol, siguieron su camino rumbo al cerro de las Ventanas.
Epifanio cuando pasó junto a donde habían dormido, tuvo que tragarse las pencas de nopal cocidas y lamer los esqueletos de pescado para poder saciar su hambre, además tuvo que correr muy rápido para no perderlos de vista.
Duraron muchos días para llegar a su destino, porque Yoltic tuvo que rodear los asentamientos espa­ñoles de Apozol y Xochilpilli, pero en todo momento estuvo pendiente por la comodidad de su prisionera. Por ella y para ella cazó conejos, pájaros, recolectó frutas, en fin no había quejas de parte de ella, pues increíblemente se sentía feliz al lado de aquel hombre moreno y musculoso, que siempre estaba de buen humor, aunque no le entendía ni una palabra, sabía que todo lo hacía por ella y eso la halagaba. No extrañaba en lo absoluto a su marido.
Por fin llegaron al cerro de las Ventanas. El promotorio estaba solo. Los jacales tanto en lo alto como en el plan estaban solos, quemados. Yoltic sintió mucha tristeza, extrañaba a su gente.
Por el camino rumbo a lo alto del cerro, llegaron a donde esta una peña, ahí Yoltic le pidió a la mujer que esperara. Se acercó a la roca, una piedra sobresalía, Yoltic la empujó hacia su lado derecho y esta cedió, luego se escuchó un crujido y a un lado de la piedra que empujara, se empezó a abrir la piedra hasta que quedó el espacio de un rectángulo perfecto. La puerta a la cuidad que hay dentro del cerro de las Ventanas. Epifanio a corta distancia estaba emocionado por lo que acababa de ver. Yoltic a señas le pidió a la mujer que lo siguiera y así entraron a aquella dimensión desconocida.
Unos minutos después que entraron, la puerta se empezó a cerrar. Epifanio, sin saber lo que había dentro, y haciendo gala de una valentía repentina, saltó de su escondite y entró en la estancia antes que la puerta se cerrara completamente. Quedó asombrado por lo que vio. A pesar que la puerta se cerró totalmente, aquel lugar estaba alumbrado como si entraran rayos del sol. La pared brillaba como si fuera de oro, pero estaba adornada con murales representando hombres y seres muy extraños. En el espacio había muebles y adornos ornamentales, el piso era de una piedra muy brillante.
Yoltic y Doña Luisa no estaban ahí, escuchó voces, eran ellos, y a él le entendió perfectamente, como si hablara el más puro castellano.
Las voces venían del fondo de el lugar, hasta ahí fue Epifanio y se dio cuenta que había una escalinata hecha con la misma piedra brillante y en forma de caracol descendía cientos de escalones. Sin dudarlo un instante empezó a bajar, entonces pudo escuchar con claridad el diálogo.
__Pero te entiendo perfectamente __Dijo doña Luisa.
__Si, es que aquí, en este recinto sagrado no existen las limitaciones, no existen los idiomas, todos nos podemos entender porque este es uno de los pocos lugares perfectos del universo, en donde no existen las religiones ni las creencias…todo es armonía.
__ ¿Entonces aquí todo es amor?
__No necesariamente, aquí, quien es bueno se hace más bueno, y el malo incrementa su maldad. Pero quien siente amor, aquí no puede ocultarlo.
__Entonces esto que he estado sintiendo por ti todos estos días, es…amor, ahora lo siento con una intensidad que me ahoga.
Yoltic detuvo su caminar. Volteó a verla y con tristeza le dijo.
__No puede ser, tu eres la hija de la luna, yo solamente un ser humano. Y es que eso que tu llamas amor, yo también lo he sentido desde el momento que mire tus ojos, desde que he tocado tu mano, desde que he tocado tu piel
__Porque dices que soy hija de la luna? No entiendo.
__Porque le pedí a la luna, porque llegaste como un regalo, porque tu piel es blanca como la luz que alumbra la noche, porque eres hermosa.
__Entonces si soy un regalo, soy tuya, solamente tuya.
Al decir eso, la mujer se acercó a Yoltic y abrazándolo por la cintura, se estiró un poco y tocó sus labios con los de ella. El indio se estremeció.
__ ¿que es eso hija de la luna? ¿Qué me has hecho?
__Solo te di un beso ¿Nunca has besado?
__No,
Entonces ella volvió a repetir la acción. La emoción en Yoltic fue mayúscula. Empezó a reír y luego tomándola de la mano corrió escalera abajo hasta llegar a el plan, en donde estaba la más hermosa de todas las ciudades jamás conocida.
Calles perfectamente diseñadas, todas las casas eran de dos o tres pisos, arboledas, frutales, pájaros de muchos colores, animales exóticos.
Con mucha emoción preguntó doña Luisa.
__ ¿Qué es esto?
__ Es la ciudad de el Cerro de las Ventanas. Mira, si subimos por esa otra escalera llegaríamos a las ventanas, que es otra puerta, pero esa solo la sabrá abrir quien en algunos siglos mas, será sangre de mi sangre, sangre de Macaco y Mapila.
__ ¿ Pero, y la gente, nadie vive aquí?
__Si, pero ahora están dormidos. Pero ven, quiero enseñarte lo más maravilloso.
Caminaron por una calle, hasta llegar a una especie de plaza, en donde había una iglesia y una pirámide.
__Mira, aquí moran todos los dioses. Tú miras una casa de tu Dios, yo miro una casa de el mío. Todo es armonía. Pero ven, lo que te quiero enseñar es esto.
De el suelo, brotaba un chorro de agua azulada que corría hasta un estanque que nunca se llenaba.
__ ¿Agua?
__ Si agua, pero de la que no puedes beber tú porque eres mujer. Si tu bebes de esta agua tu vida se hará muy corta y pronto morirás. En cambio yo, puedo tomar toda la que quiera y mi vida será eterna. La única manera en que yo puedo morir, sería si cortaran mi cabeza de mi cuerpo.
__Pero entonces es un agua especial para hombres.  ¿Cómo hacer para vivir siempre a tu lado?
__ Es fácil, yo bebo de el agua, y tu bebes de mi sangre, así es igual que si bebieras de el agua tu misma.
Al decir esto se agachó y puso su boca sobre el mismo chorro que salía del subsuelo, luego se incorporó y con su cuchillo de pedernal hizo una cortada en su brazo, para luego ordenarle a la mujer,.
__Ven hija de la luna, ven y toma de mi sangre, que si es verdad que con esto no has de vivir mil vidas, si remediaras todos tus males sentirás como corre la vida en tus venas.
La mujer obedeció. Con un poco de temor se acercó, puso su boca sobre la herida y dejó que aquella sangre entrara en su cuerpo. Al instante sintió un calor extraño y lamió toda la sangre que pudo. Misteriosamente de repente se cerró la herida. Entonces miró a los ojos de Yoltic y encontró amor, mucho amor, el mismo amor que estaba sintiendo ella.
__Hija de la luna, vuelve a poner tus labios sobre mis labios, igual que lo hiciste en la escalera.
Ella obedeció y se unieron en un abrazo que se fue convirtiendo en un cúmulo de caricias. A un lado de aquella fuente de vida, cayeron los ropajes que cubrían sus cuerpos y sobre las piedras de aquella ciudad mágica se realizó el más hermoso acto de amor que jamás se hubiera hecho en el universo, porque además de que fue una entrega total, fue la causa de una maravillosa consecuencia.
Desde su escondite Epifanio Roldán fue testigo de aquel acto. De los múltiples besos posteriores y las promesas de amor eterno.
Estaba desesperado por acercarse a aquella fuente, pero aquel par de enamorados no daban trazas de irse de ahí hasta que por fin el dijo.
__Debemos irnos, no podemos quedarnos mucho tiempo aquí o corremos el riesgo de quedarnos para siempre y nuestra misión en el exterior aun no termina.
__A mí si me gustaría quedarme aquí para siempre.
__ Y así va a ser algún día, cuando aprendamos a ser Dioses, a ser eternos. Pero vámonos, es tiempo ya,
Epifanio tuvo que esconderse muy bien para que no lo miraran cuando pasaran. Pero aquel par iban tan emocionados que no lo notaron.
__  ¿Y cuando salgamos ya no nos vamos a entender?
__No ya no, pero tendremos que aprender a comunicarnos, o tu tendrás  que aprender mi lengua.
__ O tú la mía
__Antes de que dejemos de entendernos, hija de la luna, tienes que prometerme algo.
__Pídeme lo que quieras.
__Que jamás nadie habrá de saber por tu lengua, que este lugar existe, y menos aun como entrar en él.
__Lo prometo por este amor que siento por ti.
__ Los espíritus han escuchado tu promesa. Si algún día la rompes, en ese instante has de morir.
En cuanto ya no los tuvo a la vista, el español corrió a la fuente y se tiró directamente al estanque y ahí bebió, bebió y bebió y conforme el agua entraba en su cuerpo, el sintió que se iba llenando de fuerzas. Los males que lo aquejaban inmediatamente desaparecieron, el dolor de sus riñones, las cicatrices de la viruela, su hepatitis, y hasta la sífilis se volvió solo un recuerdo. Le hubiera gustado quedarse ahí, pero recordó las palabras de Yoltic. Ya no le cabía más agua en el estómago sin embargo dio un par de sorbos mas y luego salió del estanque, no sin antes llenar su pequeña cantimplora, para luego correr a toda prisa, directo a la escalinata para salir de aquel lugar.

Cuando el ataque a la caravana de don Diego. Este llegó a Xalpa y de inmediato ordenó que se hiciera una campaña para ir a rescatar a su esposa, o en su defecto el cadáver de su esposa o lo que quedara de ella. Nunca se imaginaron que se la había llevado Yoltic, asi que fueron tras el rastro de Tenamaxtle y su gente. Cuando Tenamaxtle  se dio cuenta que lo iban siguiendo dio la orden que se dividiera su ejército en dos, y luego cada grupo en otros dos y así sucesivamente hasta que fueran una sola persona y todos fueran con rumbo distinto. En algún tiempo se volverían a reunir en Tonalá.  Fue por esa razón que les fue imposible seguir el rastro de tantos a una vez.
De alguna manera, aquel grupo ese día descansaba en Juchipila, como la llamaban los españoles.
Fue a uno de los monjes a quien se le ocurrió decir.
__Sabe don Diego, deberíamos de buscar a su esposa en el cerro de las Ventanas. Tenamaxtle y sus aborígenes, creen que ese cerro es mágico, quien quita y estén escondido por ahí.

Cuando Epifanio subió la escalinata y llegó a la estancia donde se entra a el cerro, ya estaba cerrada, entonces se puso a tocar en la pared, hasta que encontró una especie de palanca, la jaló y al momento se empezó a abrir la puerta. Salió al aire libre, se sentía fuerte, poderoso lleno de vida e increíblemente con mucho valor y coraje, ya no era un cobarde. En eso escuchó una gritería, miró hacia abajo y vio que en el llanito que hay luego de una cueva blanca, una veintena de españoles y muchos indios peleaban contra un solo guerrero.
A toda prisa buscó la piedra movible que accionaba la puerta. Aquel lugar era un secreto, era su secreto. Nadie debería saber de aquella fuente. No, solo él sería inmortal. El clásico egoísmo de los envidiosos.
En cuanto la puerta se cerró corrió a ver que pasaba.
Yoltic se defendía de aquella jauría, a un español le había arrebatado su espada y con ella arremetía contra quienes lo atacaban. Su cuerpo estaba bañado en sangre, pero sus ímpetus eran igual que si apenas hubiera empezado la pelea. Más de una docena de indios y españoles yacían sin vida en el suelo. Don Diego abrazaba a su esposa que desesperada quería correr a donde el indio se defendía. La mayoría de sus heridas eran en la espalda porque lo atacaban a traición, pero no lo hacían caer.
__Hola don Diego__ Saludó Epifanio muy tranquilo.
__ Epifanio ¿Qué haces aquí? Te creíamos muerto.
__Nada de eso don Diego, simplemente me había perdido. Pero dígame una cosa, entre tantos no pueden con ese indio.
__No, y es mejor que huyamos, está acabando con todos y luego seguiremos nosotros.
__No, lo que pasa es que no han sabido golpearlo, el golpe tiene que ser a el cuello, tienen que arrancar su cabeza.
Al escuchar aquello doña Luisa lo miró asustada. Aquel hombre sabía el secreto.
__Mire don Diego, yo voy a hablar con ese hombre, lo voy a distraer, luego ordene que alguien se acerque por la espalda con un hacha y le corte la cabeza, es la única manera que el muere.
__ Vamos, ni que fueras tan valiente.
__Mire que si lo logramos, ¿usted conseguiría que me fuera regalado este cerro?
__Este y otro igual que este…
__Bien, siga mis instrucciones. Para empezar deme una espada.
__ ¡Huye Yoltic, huye!
El indio volteo a ver a la mujer mientras una espada se encajaba en su estomago, esta salió y él respondió de la misma manera cayendo el español agonizante.
Pero en eso Epifanio le gritó….
__Ey, mira….__ Y al decir esto, le mostro su cantimplora y tiró un poco de agua azul al suelo.
Yoltic dejó de pelear. NO era posible, aquel hombre tenía agua de las mil vidas.
__ De donde tomaste eso __ Le pregunto en su lengua.
Epifanio tomó de aquella agua y luego hizo señas de fuerza, levantó poco a poco su espada. Yoltic supo al momento que estaba frente a un enemigo tan poderoso como él. Epifanio ya no sentía cobardía, estaba dispuesto a pelear, o mejor dicho a entretener al indio, ya que a sus espaldas poco a poco se acercaba otro español con un hacha en la mano.
Por más que le grito Luisa que tuviera cuidado a sus espaldas, Yoltic no la entendió concentrado en el enfrentamiento contra Epifanio. Ni siquiera tuvo oportunidad de que las espadas se cruzaran. El cobarde a sus espaldas se acercó presuroso y de un certero golpe con el hacha, arrancó la cabeza del cuerpo del hijo de Macaco y Mapila.

Una vez en Juchipila. Todos reían felices, había muerto el hombre invencible. Luisa lloraba inconsolable en una celda del convento, A Epifanio Roldan le fue concedido como propiedad el cerro de las Ventanas y Don  Diego planeaba su retorno a la Xalpa mineral.
Nueve meses después de aquel suceso, Doña Luisa, esposa de don Diego Rodríguez, paría un hermoso niño blanco, como si fuera hijo de la luna a quien se le impondría el nombre de Alejandro Rodríguez Quiroga y Barcenal. Primogénito del dueño de vidas y riquezas de todo lo que fuera la Jalpa y mil leguas alrededor. Aquel niño que tenía la furia y la nobleza de un indio que murió decapitado, aquel niño que en realidad era nieto de Macaco y Mapila, aquel niño que fuera el primero de una gran estirpe de Rodríguez y de la cual, varios siglos después siguiendo esa descendencia, naciera un hombre al cual llamaron Guadalupe Rodríguez, mejor conocido como… Lupe…….. “Lupe el Pichilingue”.

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